3 de julio 2009 - 00:00

Narcoeconomía, única opción

Kabul - Afganistán, uno de los países más pobres del mundo y dependiente de los miles de millones de dólares de la ayuda internacional, sigue bloqueado en una narcoeconomía considerada una plaga o un mal temporal, pero necesaria, según los expertos.

En 2008, el país exportó u$s 3.400 millones en opio y derivados (morfina y heroína), es decir, un tercio de su PBI oficial legal, según la ONU. Sólo el 20% de esta cantidad va a los bolsillos de los productores, el resto parte «a bancos de Dubai o el extranjero», confesó un antiguo responsable estadounidense de la lucha antidroga que trabajó durante años en Afganistán.

«Afganistán tiene una narcoeconomía, pero no es un narco-Estado, puesto que hay ministros y actividades gubernamentales no influenciados por los estupefacientes», precisó el experto.

Numerosas fortunas afganas se construyeron sobre la droga. El propio hermano del presidente Hamid Karzai, Ahmad Wali Karzai, fue acusado en numerosas ocasiones de estar implicado en este tráfico, algo que él siempre negó.

Esta narcoeconomía se nutre de la debilidad de una economía legal que ofrece pocos medios para abandonar la pobreza: un 42% de los afganos vive con menos de un euro al día. Los abundantes recursos naturales (metales, piedras preciosas, gas natural, etc.) siguen infraexplotados por falta de infraestructuras, destruidas tras tres décadas de guerra y de una sangrienta insurrección. Otros sectores, como la banca y las telecomunicaciones, registran no obstante un crecimiento interesante.

En un país con un 80% de población rural, por la sequía y el aumento de la violencia, el crecimiento económico bajó del 12,1% en 2007 al 3,4% en 2008, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). La precariedad llevó a numerosos agricultores a cultivar opio, del que Afganistán produce el 90% del total mundial. Las zonas más comprometidas son las que se encuentran bajo control talibán.

Agencia AFP

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