27 de abril 2009 - 00:00

“Natalio Botana fue el Perón del periodismo”

José María Paolantonio: «Botana fue exótico hasta cuando contrató a Siqueiros: no le encargó que le pintara la sala de recepciones sino el sótano».
José María Paolantonio: «Botana fue exótico hasta cuando contrató a Siqueiros: no le encargó que le pintara la sala de recepciones sino el sótano».
«Natalio Botana fue para el periodismo lo que Perón en la política. Dicho en términos marketineros, apuntó a un nicho que estaba muy descuidado por los medios: el de la clase obrera y la clase baja», así lo afirma el director José María Paolantonio, responsable de la puesta de «Titulares (La Voz del Pueblo)» de Bernardo Carey, estrenada el pasado viernes en el Teatro Presidente Alvear. La interpretan Alejandro Awada, Ana Yovino, Cutuli, Manuel Vicente y Emiliano Dionisi.

La obra abarca sólo dos décadas (de 1916 a 1935) tiempo en el que el legendario fundador del diario «Crítica» creó un poderoso holding de comunicaciones que incluyó prensa escrita, radio, noticiero cinematográfico y productora de cine. Por las características del personaje, muy conectado con las esferas políticas y con una tumultuosa vida familiar, hay quienes lo consideran la versión criolla del magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst, inspirador de la película «Ciudadano Kane» de Orson Welles.

Periodista: Welles decía que este personaje era «un héroe, un sinvergüenza, un buen ciudadano y un perro sucio. Todo depende de a quién se le pregunte» ¿Con Botana ocurría algo similar?

José María Paolantonio: Sí. Botana era como Hearst, un entrepreneur salvaje. Esos tipos que van para adelante y que nunca tienen dudas, pese a sus muchas contradicciones. Yo también los considero héroes, porque se despegan de la gente común, piensan a lo grande y tienen otras dimensiones para todo. Por eso resultan tan polémicos. Botana creó el primer diario sensacionalista pero a la vez tenía a los mejores escritores del país trabajando en su redacción, como Borges, Arlt y González Tuñón. Era un hombre muy culto y excéntrico; amigo del general Agustín P. Justo, con quien iba disfrazado a los prostíbulos, y por otro lado, recibía en su casa a Pablo Neruda, a García Lorca; se codeaba con la aristocracia y protegía a los republicanos españoles. Era un hombre insólito.

P.: El caso del mural de Siqueiros volvió a ponerlo de moda.

J.M.P.: Fíjese que contrata a Siqueiros, al mayor pintor muralista, afiliado al comunismo, para que le pinte el sótano; no la sala de recepciones sino el sótano. Y Siqueiros llega y contrata para que lo ayuden nada menos que a Berni, Spilimbergo y Castagnino. Cuando leí que tenía tapizado el piso de su biblioteca con piel de pantera negra que se hacía traer de Africa me di cuenta de que no alcanzaba nuestra experiencia (la mía y la de los actores) para tener una noción de lo que fue aquel estilo de vida. Gente que vivía situaciones desmesuradas en espacios gigantescos. Por eso les enseñé a los actores fotos del castillo de Hearst y también recurrí a varias imágenes de «El ciudadano», que tiene una escenografía aún más imponente y expresionista. El trabajo de luces que hicimos con Tito Diz está inspirado en la película de Wells.

P.: ¿Utilizó proyecciones?

J.M.P.: Sí. Funcionan como nexos entre escena y escena con los contenidos de «Crítica», algunos amarillistas y otros con claras referencias de lo que ocurría en el país. Los años '30 fueron un momento bisagra de la Argentina. Las instituciones se rompen con el golpe militar; se termina un sistema democrático liberal elitista pero progresista a la vez. Comienza la Segunda Guerra Mundial y al finalizar ésta, con la presencia del peronismo, se produce el ascenso de capas sociales totalmente marginadas. El mundo estaba muy alborotado y nuestro país recibe la influencia de los inmigrantes anarquistas, del nacionalismo antisemita, del fascismo mussoliniano...

P.: En el plano familiar la vida de Botana fue muy turbulenta.

J.M.P.: Así es. Su relación con Salvadora Onrubia estuvo signada por la competencia. Tuvieron momentos de ternura y en otros se odiaron a muerte. Ella también tenía sus contradicciones. Era una apasionada revolucionaria que hablaba en los mítines anarquistas y después se va iba de compras a Harrod's en su roll royce conducido por un chofer negro. En la obra tiene mucho peso el suicidio de su hijo mayor, al que ella había tenido de soltera con otro hombre.

P.: ¿Es cierto que Botana le robó la mujer a Siqueiros?

J.M.P: Sí. Pero también cuenta Neruda en sus memorias que en la quinta Los Granados había una torre observatorio con unas camas y que allí tuvo un encuentro sexual con la esposa de Botana, mientras Lorca les hacía de campana en el piso de abajo. Era gente muy desprejuiciada, que veía derrumbarse el mundo a su alrededor y eso los llevaba a vivir con más intensidad y sin pensar en el mañana. Lo que yo quiero que se entienda, a través de ellos, es que la vida de las humanos está llena de contradicciones y es imposible de calificar. La obra muestra ante todo un fuerte cruce de pasiones y no termina con la muerte de Botana sino con la muerte de Gardel.

P.: Fue el primero en incorporar grandes fotos y dibujos; en incluir un suplemento deportivo y una revista a la edición y en enviar un periodista de gira...

J.M.P.: Sí. Botana fue pionero en todo. Antes de «Crítica» sólo leían los diarios los socialistas y los que estaban metidos en la política. El se ocupó de esa mayoría silenciosa, que hoy es la gente que mira a Tinelli. Pero no les dio únicamente noticias de crímenes y asesinatos que era lo que les interesaba, también incluyó valiosos textos literarios en sus ediciones. Eso sí, también inventaba historias para mantener el interés de sus lectores, como hacen algunos periodistas de hoy.

Entrevista de Patricia Espinosa

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