Una de las obras que integran la muestra de Roberto Rossi en el Museo Fernández Blanco.
Dentro de su Programa de Identidad y Comunicación, cuyo objetivo es difundir la obra de artistas argentinos, Alhec Group desarrolla exposiciones individuales de artistas plásticos y la edición de libros para conocer su obra en forma integral.
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En este caso se trata de la exposición de Roberto Rossi (1896-1957) en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, bajo la curaduría de Patricio López Méndez y «Vida Quieta», traducción literal de «Still Life», investigación y textos de la historiadora el Arte e investigadora Laura Malosetti Costa.
Las obras expuestas, alrededor de 60 entre óleos y dibujos, provienen de diversos museos nacionales y provinciales así como de colecciones particulares y como lo indica su nombre, responde al género de «naturaleza muerta». Charles Sterling, en su libro «La naturaleza muerta desde la antigüedad a nuestros días» (París, 1952), señala que «las facilidades que ofrece un grupo de objetos sobre una mesa son más que seductores. Al disponerlos, antes de pintarlos, el artista domina ya plásticamente su sujeto, controla las condiciones de luz y alterando su posición puede profundizar los problemas de encadenamiento de formas y colores». Y como puede verse en esta muestra, Rossi pintó este tema de manera obsesiva.
A fines de la década del 20, este artista de culto, como lo define Malosetti Costa, inició una fecunda labor artística que se prolongó hasta su muerte, desarrolló una importante labor docente, expuso en salones y realizó exposiciones individuales, actuó en la Sociedad de Artistas Plásticos. Tenía, además, una activa participación en tertulias artísticas y literarias al mismo tiempo que trabajaba en el Ministerio de Agricultura, dato que fue ocultado tanto por él como por aquellos que se ocuparon de su obra.
Fue amigo de Víctor Cúnsolo, Fortunato Lacámera, Quinquela Martín; amaba la poesía y se conservan cuadernos donde reunía poemas de sus autores favoritos, entre ellos, Jacobo Fijman, Raúl González Tuñón, Rubén Darío, Alfonsina Storni, Mallarmé, Baudelaire, Evaristo Carriego. En dos vitrinas de la sala de exposición están reunidas las botellas de vidrio, cafeteras, teteras en metal esmaltado, lámparas, fruteras, molinillos de café, objetos que poseía y agrupaba para pintarlos a lo largo de su vida, reinterpretándolos .
De las contundentes naturalezas muertas de mediados de los 30, hacia los 40, Rossi comienza a desdibujar los elementos, aparecen raspados, veladuras, la materia se vuelve más liviana. Aquí pueden compararse obras realizadas con un año de diferencia y a pesar de la similitud en la composición y los elementos, se ve esa búsqueda incesante por llegar a una cierta desmaterialización de la imagen y a un refinamiento cromático.
De los densos ocres de sus comienzos, pasa a colores luminosos pero lo que cuenta en este artista es la atmósfera que envuelve los objetos, como lo señaló el crítico Córdoba Iturburu.
En los cuadros hay profusión de objetos, su pintura es delicada y difusa sobre fondos trabajados de manera que la materialidad se constituye en un todo armónico, pintado con lentitud, asumimos, y llega al ojo a través de la vibración cromática para luego invitar a mirar con atención las formas. Despojadas de anécdotas o intenciones que no sean otras que la severidad y la disciplina pictórica que se impuso, Rossi realizó una obra sensible y equilibrada.
Para Rossi sería aplicable el título del capítulo dedicado a Morandi: «No solamente botellas» del libro «Mysteries of the Rectangle» de Siri Hustvedt. Hasta el 8 de febrero de 2009.
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