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Nepotismo de Estado en listas bonaerenses
José Scioli
Esa especie de nepotismo electoral, que el ex presidente pretende aplicar en todo el país, asoma como un recurso para «comprometer» al aparato K. Una forma de evitar que algunos, para preservarse, quieran hacerse los distraídos para no pagar el costo de una elección difícil.
En primera persona, Kirchner encabezará la boleta bonaerense del Frente para la Victoria (FpV) y para arrastrar en su suerte -buena o mala- a Daniel Scioli, ubicará a José «Pepe» Scioli, hermano y funcionario del gobernador, como segundo en su boleta.
Usará, hacia abajo, el mismo sistema: les indicó a intendentes y diputados que tendrán que poner su apellido en las boletas K. Se darán casos de intendentes que figurarán, incluso, en las listas. Otros tomarán el atajo y recurrirán a portadores de apellidos.
Un caso. En Córdoba, a pesar de la negativa del gobernador, en Casa Rosada se agita la chance de que Alejandra Vigo de Schiaretti, esposa y ministra, sea candidata a diputada. ¿Algún gobernador se colgará de la boleta K? Suspenso: se mira hacia la zona cordillerana.
Otro caso. El intendente de Bahía Blanca, Cristian Breitenstein, encabezaría la lista de senadores provinciales por la Sexta Sección. Hay una explicación básica e implacable: Breitenstein quintuplica en imagen positiva a Néstor y Cristina Kirchner.
Dos argumentos, ambos defensivos, sostienen la táctica oficial de hacer figurar a los caudillos territoriales, al menos a través de sus apellidos, en las boletas K.
1 - El nivel de adhesión de gobernadores e intendentes, a pesar de la crisis, supera
-en muchos casos con amplitud- los índices de respaldo al Gobierno nacional en general y a los Kirchner en particular. Scioli sirve como parámetro: el gobernador flota siempre por encima del 40% de imagen positiva, entre 10 y 15 puntos más que Kirchner, y más de 20 puntos encima de Cristina. Algo más: en la Buenos Aires rural, donde todo arde, Scioli -a pesar de que debe tomar precauciones extras para salir de gira- triplica en nivel de adhesión al ex presidente. Un dato más para el registro: en La Plata, el intendente Pablo Bruera acumula respaldos por encima del 50%, cifra que parece incompatible con el apellido Kirchner. Resultado: un Bruera, Gabriel, irá al tope de la boleta oficial en la capital de la provincia. Estos ejemplos, que se replican en todo el interior y tienen casos testigo en el conurbano bonaerense, territorio donde mejor mide el ex presidente, explican el mandato de hacerlos figurar en las listas.
2 - No es el único motivo: hace tiempo, desde que comenzó la sangría en el espacio K y comenzó a detectar rebeldías, alguna mínima, la mayoría jamás declarada, de gobernadores, intendentes y hasta funcionarios -ocurrió con algunos dichos de Graciela Ocaña respecto del armado PJ y con Sergio Massa respecto del rumbo del Gobierno, a los que Kirchner promete poner en su lista, más como un castigo que como un premio-, el patagónico decidió subir a todos en la lista para que nadie quede al margen de la elección, una forma de comprometerlos a jugar porque, en la traducción del planeta Kirchner, del éxito general dependen, en todo caso, los éxitos personales. La teoría no es del todo válida
-muchos de los ultra-K de hoy jugaron antes en otros esquemas por lo que prometieron dar su sangre-, pero sirve como elemento para medir el nivel de fidelidad de los que, sobre todo, tienen que pasar por Olivos a buscar «obras», suplicarles a Julio De Vido y José López que destrabe un certificado o confiar en la bondad de Florencio Randazzo para que gire fondos adicionales.

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