Netanyahu y Obama, con menos química que nunca

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Jerusalén - Lo que piensan algunos dirigentes israelíes sobre el presidente estadounidense, Barack Obama, se resume en el chiste contado (y citado por el periodista Aluf Ben) en la oficina del primer ministro, Benjamín Netanyahu: «¿Qué hace un estadounidense cuando en su casa se le rompe la canilla o se queda sin luz? Llama a Obama para que dé su discurso y el problema se soluciona».

Lo que no es broma es la nula química entre Netanyahu y Obama. Los temores previos sobre un desencuentro se cumplieron. La conexión casi paternal del presidente Bill Clinton con Isaac Rabin y la íntima relación entre los rancheros George W. Bush y Ariel Sharon, ampliada luego por Ehud Olmert, se convirtió en una desconexión.

En el entorno de Netanyahu, «se comprende su acercamiento a los países árabes a costa de Israel», pero se critica con virulencia que el jefe de Gabinete de Obama, Rahm Emanuel (de religión judía) sea el que instigue contra el israelí.

Los allegados de Netanyahu declaran lo que él no puede expresar en público. «Es triste decirlo, pero quien busca un enfrentamiento con el Gobierno israelí es la Administración estadounidense», denuncia el ministro Guilad Erdan.

La tormenta política nació tras la exigencia de un funcionario norteamericano al embajador israelí en EE.UU., Michael Oren, para que frenen la construcción de 20 casas en un proyecto del multimillonario Irving Moskowitz en un barrio palestino de Jerusalén Este. La realidad es distinta.

Lo que podía quedarse en un trámite tratado discretamente en los conductos burocráticos fue amplificado magistralmente por Netanyahu para devolver la jugada a Obama.

Desde que volvió al poder, el jefe de Gobierno israelí se despierta cada mañana con una filtración, normalmente negativa, procedente de Washington. Casi siempre el Haaretz, el diario israelí más crítico con Netanyahu. El primer torpedo de Obama impactaba en el flanco más débil de Bibi: la solución de dos Estados, una fórmula que desechaba y la mayoría de los israelíes apoyaba.

Colonias

Tras una incesante presión, Netanyahu cedió y por primera vez aceptó -con condiciones- dicha solución. El segundo torpedo, las colonias. Obama sostiene que la mayoría de israelíes avala una retirada de Cisjordania a cambio de un acuerdo de paz y la normalización de relaciones con todos los países árabes y musulmanes. Los israelíes no perdonarían a Netanyahu que, por mantener unas cuantas colonias en tierras palestinas, Israel se quedara sin adquirir cazas de combate estadounidense o, lo que es peor, sin el apoyo de EE.UU. frente al Irán nuclear.

Obama sabe también que puede apretar a Netanyahu en ambos temas sin provocar el enojo de congresistas o de sus electores judíos que lo votaron en masa.

Netanyahu contraatacó. Aunque sea a ojos israelíes, que es lo que realmente le da votos. Dos diarios (Yediot Ajaronot y Maariv) publicaron el domingo en portada la exigencia de Obama de frenar el proyecto de las 20 casas en Jerusalén Este, al lado de la sede central de la Policía israelí.

Conocedor de que hay consenso israelí sobre Jerusalén, a la que ven como «capital indivisible», Netanyahu promovió el duelo, leyendo un rotundo comunicado de rechazo. Por primera vez, pudo hacerse «el duro» ante Obama en público.

«¿Qué se cree? Que yo, tras haber construido 20.000 casas en Har Joma en Jerusalén, frenaré ahora la construcción de 20 casas nuevas en la capital eterna de Israel? Me sorprende porque ya le dije a Obama en Washington que no aceptaría ninguna limitación en la construcción en Jerusalén», dijo un envalentonado Netanyahu en una reunión con sus cinco principales ministros.

Con todo, el mandatario huye de una grave crisis con Obama. No olvida que el primer ministro y uno de sus mentores, Isaac Shamir, perdió las elecciones (92) entre otras cosas por las malas relaciones con el presidente George Bush. El propio Netanyahu fue derrotado en el 99, entre otras razones, por sus encontronazos con Clinton.

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