16 de noviembre 2011 - 00:00

Ni la cocaína puede con baja de consumo

Ni la cocaína puede con baja de consumo
Lisboa - Tras un prolongado «boom» de unas dos décadas, el consumo de cocaína ha vuelto a bajar en varios países de Europa, entre ellos España, según se desprende del informe anual del Observatorio de Drogas y Toxicomanía (OEDT) de la Unión Europea (UE), presentado ayer en la sede del organismo en Lisboa.

«Éste tal vez ha sido para mi uno de los resultados más sorprendentes de nuestras investigaciones», dice el director del OEDT, el alemán Wolfgang Götz, en su oficina en la capital de Portugal, frente al río Tajo.

Los expertos creen que la terrible crisis financiera por la que atraviesa la UE ha jugado, en este caso y junto a otros factores, un papel positivo.

«El costo económico que conlleva el consumo habitual de cocaína puede resultar disuasorio y contribuir a reducir su uso en países donde la austeridad está a la orden del día», reza el informe del OEDT.

Interrogante

Götz, entretanto, no quiere ir tan lejos. «Sabemos que la gente tiene menos dinero, ¿pero significa que por ese motivo consumen o consumirán menos drogas? ¿O aumentarán la prostitución y los delitos destinados a financiar el consumo?», se pregunta.

Asegura Götz que lo que produjo resultados es también «el intercambio de información y las intervenciones conjuntas».

En los últimos años, la cocaína había dejado de ser en Europa la prestigiosa «droga del jet set», consumida en fiestas regadas de champán y discotecas de lujo, convirtiéndose también en un estimulante buscado por el usuario «callejero».

Éste es un factor que explica en parte el «boom» registrado desde los años 90.

Ahora, mucho indica que gran parte de los consumidores ya no pueden asumir el lujo de la cocaína. Al fin y al cabo, este alcaloide es una de las drogas más caras.

En los países de la UE, el precio promedio se ubica en entre 50 y 80 euros por gramo. En comparación, el sueldo mínimo en Portugal se mantiene congelado en magros 485 euros.

España es un buen ejemplo de este fenómeno, que el OEDT califica como posible «explosión de la burbuja de la cocaína».

En Madrid, Barcelona y demás ciudades españolas se consume tanta cocaína como prácticamente en ningún otro lugar de la UE, sacando el Reino Unido, país con el que España va hace años «codo a codo». No obstante, el porcentaje de los jóvenes adultos que aseguraron haber consumido esta droga en los doce meses previos a la consulta bajó en España en 2010 de un 5,5 por ciento a menos del 4,5 por ciento.

«Tenemos en Europa cinco países en los que se consume más cocaína, prácticamente en el nivel que conocemos de Estados Unidos. Estos son, además de España y el Reino Unido, Italia, Dinamarca e Irlanda. En los primeros cuatro el consumo disminuyó en 2010, y en Irlanda esperamos los nuevos datos. Puede ser que la burbuja haya estallado», afirma.

Esto sería sumamente positivo, ya que los problemas relacionados con el consumo de cocaína continúan matando unas 1.000 personas por año en Europa. Según estudios recientes, casi la mitad de los pacientes tratados por adicción a la cocaína también sufren de alcoholismo.

La menor demanda de cocaína se refleja también en los informes policiales. Tras el récord de 2006, la cantidad de cocaína confiscada en Europa se redujo, ya hasta 2009, en alrededor de un 50 por ciento, a unas 49 toneladas.

Sin embargo, unos 260 años después de que la cocaína llegara a Europa desde Sudamérica, a mediados del siglo XVIII, los traficantes no tiran la toalla.

Sofisticación

El OEDT sabe que los métodos para introducir la droga inadvertidamente en Europa son cada vez más sofisticados. Por ejemplo, se usan pantalones vaqueros impregnados de novedosas mezclas líquidas de cocaína, así como también cera de abejas, desechos plásticos y fertilizantes, entre otras cosas, para esconder la droga.

Mientras que el consumo de cocaína y otras drogas establecidas y tradicionales, como el cannabis, se reduce o mantiene estable, el Observatorio de la UE alerta sobre el creciente mercado de drogas sintéticas, entre ellas anfetaminas y éxtasis, y una clara tendencia hacia la toxicomanía múltiple.

El cannabis sigue siendo la droga más consumida en Europa, con un alcance de 78 millones de personas entre 15 y 64 años.

La crisis, teme Götz, llevará probablemente a nuevos recortes de fondos en campos como la investigación, la salud y la protección social.

Pero el alemán cree que la dificilísima situación económica también significa una gran oportunidad: «Obliga a concentrarse en las cosas que probadamente han dado resultados», explica con optimismo.

Agencia DPA

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