El nuevo «El Barracas» es un espacio agradable, pero su
espectáculo tanguero para turistas es modesto y trillado.
«El Barracas». Idea y dir. gral.: Sandra Booz y Gabriel Ortega. Elenco: Cecilia Casado (canto), Alfredo Pittis (canto), Fernando Marzán (piano y dir. musical) y elenco. (El Barracas, de miércoles a sábados).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Con el progresivo crecimiento de la popularidad del tango en todo el mundo y gracias a un tipo de cambio que trajo mucho turismo a nuestro país en los últimos años, se multiplicaron en Buenos Aires las propuestas «premium» dedicadas al género. Y hablamos, claro, de una oferta de cenas-show de alto precio cuyo principal destinatario es el visitante extranjero. Entre las distintas opciones que existen, El Barracas es uno de los últimos lugares en abrir.
Empecemos por la ubicación, sin dudas inmejorable si de porteñidad se trata. Instalado en la empedrada calle Villarino, frente a la estación ferroviaria Hipólito Yrigoyen, en pleno barrio de Barracas, muchos recordarán ese bar porque fue una de las locaciones que más utilizó Pino Solanas para su película «Sur», entre ellas para la inolvidable escena del Polaco Goyeneche cantando en la puerta con el acompañamiento del bandoneón de Néstor Marconi. Con el empuje que entonces le dio el film, el lugar estuvo un tiempo abierto con su nombre de Sur; luego, cerró por unos años y ahora vuelve rebautizado y con unas cuantas reformas internas.
Quizá respaldados en esa ventaja comparativa de la ubicación, El Barracas se relajó, en cambio, en el servicio de cena y en el show. Comparado con otros salones de tango de categoría equivalente, ni uno ni otro están a la altura del precio. Es agradable la intimidad que se ofrece -más atractiva que otros sitios, más «mega» e impersonales-. Y a muchos puede agradar la cercanía del espectáculo, al punto que los bailarines y los cantantes circulan por entre las mesas y están al alcance inmediato de los comensales.
Respecto de la cena, hay muchos detalles que no están al nivel pretendido. Y en cuanto al show, faltaría algún artista más importante, alguna propuesta original, alguna idea diferenciadora, para hacerlo más atractivo. Cumple profesionalmente el quinteto -con dos bandoneones, violín y contrabajo- dirigido por el pianista Fernando Marzán; y está allí, por mucha distancia, lo mejor del espectáculo. Menos interesante resulta, por lo demasiado conocido, el trabajo de las tres parejas de baile. Y los cantantes, con un repertorio que mezcla clásicos con piezas algo más cercanas en el tiempo, no logran superar la medianía.
Finalmente, la decisión de partir el show en tres partes -cuyos intervalos se aprovechan para ofrecer distintas etapas del servicio gastronómico- no colabora con su continuidad y perjudica lo artístico.
Dejá tu comentario