Periodista: Se está debatiendo la tasa de crecimiento. ¿Coincide más con la medición del INDEC del 3% para el primer trimestre o la del Congreso del 0,5%?
Sebastián Galiani: Las estadísticas oficiales, tanto las de precios como las de producción agregada, no son confiables. Producir una buena estimación del producto en forma independiente no es una tarea sencilla. Es mucho más difícil que medir independientemente el precio de una canasta de bienes. Existe cierto consenso que el crecimiento del primer trimestre fue bajo. Perecería que la economía repuntó en el segundo trimestre, pero aun así la mayoría de los economistas privados espera un crecimiento para este año del 3% en el mejor de los casos.
P.: Parecería que las estadísticas oficiales arrojarían un crecimiento mayor, lo cual hará que se dispare el pago del Cupón atado al PBI. ¿Por qué el Gobierno haría eso?
S.G.: En caso que así ocurriese, uno podría pensar en la economía política de tal decisión. Pero ¿cuál sería un buen argumento? Tengo la impresión de que el equipo económico no sólo ha mostrado impericia teórica, sino también práctica. Han cometido un error tras otro. Muchas veces, incluso, una mala decisión sólo abrió otro problema no anticipado por el Gobierno. Me parece que no es necesario ahondar en otra explicación en este caso.
P.: ¿Qué perspectiva ve usted para la economía argentina en los próximos años?
S.G.: En términos de su crecimiento, aun suponiendo que la inflación no se descontrolase, no veo cuál será el motor del crecimiento en las circunstancias actuales.
P.: ¿Qué habría que hacer?
S.G.: La lista es larga. Para empezar, habría que recuperar cierto equilibrio fiscal. Hoy el déficit fiscal bien medido trepa al 4% del producto. Por lo tanto, hay que ajustar la economía. Sobre esa base, hay que lanzar un programa monetario que gradualmente baje la inflación a niveles normales. Pero antes, hay que reacomodar los precios relativos: tipo de cambio y tarifas principalmente. Esto sería sólo el comienzo. Hay que reinsertar la economía en el mundo nuevamente. El crecimiento no lo generan los gobiernos, sino las firmas privadas que innovan, adoptan nuevas tecnologías e invierten. No hay ningún ejemplo de un país pequeño que haya crecido en el mediano plazo a tasas elevadas que lo haya hecho aislado del mundo. También necesitamos volver a atraer inversión extranjera. Todo esto requiere restablecer cierta estabilidad sobre un conjunto de reglas de juego capitalistas. Nada de esto sería sencillo para un nuevo Gobierno; me cuesta ver cómo lo haría la actual administración.
P.: Concretamente falta ver esos motores del crecimiento...
S.G.: Necesitamos ahorro para aumentar la riqueza existente y mejorar la infraestructura del país, lo cual aumentará la productividad de la economía, que es el motor del crecimiento. Ello en parte se podría hacer si aumentamos el ahorro doméstico o si pudiésemos volver a tomar deuda. También podría contribuir la inversión extranjera directa. Más importante aún, ésta puede ayudar a dinamizar la economía ya que en promedio tiene externalidades positivas sobre el resto de la economía. Necesitamos volver a encender los motores del crecimiento.
P.: Si no se hace un programa integral, ¿qué pasará con el dólar paralelo?
S.G.: El peso se continuará depreciando. En el mediano plazo, mientras el Banco Central siga financiando al Gobierno, el dólar seguirá subiendo. En el corto plazo, el Banco Central siempre puede elegir perder reservas para evitar que ello ocurra. El riesgo, claro, es inducir una crisis de balanza de pagos.
P.: Y en ese caso, ¿qué pasará con la brecha cambiaria?
S.G.: El dilema de corto plazo que enfrenta el Gobierno es entre tratar de cerrarla acelerando la devaluación del tipo de cambio oficial, lo cual, sin un programa de estabilización consistente, es riesgoso pues podría disparar una espiral inflacionaria; o seguir perdiendo reservas y frenando las importaciones a través de mayores restricciones, afectando la economía negativamente, mientras esto aguante.
| Entrevista de María Iglesia |


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