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No sólo faltan lluvias
En Israel, saben convivir con una eterna sequía y, por ejemplo, se produce merced a la aplicación de sistemas de riego por goteo y aspersión (foto arriba). La falta de agua volvió esta campaña a hacer estragos en el campo argentino.
Aunque resulte difícil aceptar que semejante inversión no esté a cubierto, los números son claros: apenas un 10% del área total cuenta con seguros multirriesgo, que incluyen, por ejemplo, sequías o inundaciones. Algo más es lo que está alcanzado por coberturas contra heladas y granizo.
Por otra parte, y a diferencia de países como Australia, Israel, etc., que prácticamente son desiertos en gran parte de su superficie, la Argentina cuenta con buena cantidad de agua, tanto en forma de ríos y arroyos, como en caudales subterráneos que, además, se encuentran accesibles, ubicados a relativamente poca profundidad.
Sin embargo, también bastante menos del 10% de la superficie total agrícola se encuentra alcanzada por el riego artificial, y, de éste, un gran porcentaje corresponde a cultivos intensivos, fruticultura, etcétera.
Lo alarmante es que sólo las pérdidas por exportaciones que ya se estiman para este ciclo por la seca son equivalentes a lo que hubiera costado instalar riego en más de 4,5 millones de hectáreas, o sea, alrededor del 15% de la superficie de los cultivos anuales.
Naturalmente, las extensiones cubiertas crecen geométricamente si se habla de aplicar esos montos (entre u$s 8.000 y u$s 10.000 millones) en obras estratégicas de canales, compuertas, dragados, diques, etc., que permitan asegurar la provisión de agua (y también su eventual desagüe en casos de inundaciones) en las distintas regiones, aprovechando los múltiples cursos de agua con que cuenta el país, en especial en las principales zonas agrícolas.
El hecho es que parece que pocos tienen en cuenta todos estos datos y menos aún las posibilidades objetivas del país en estos temas. Tanto es así que según el especialista en seguros y extitular de CRA, Arturo Navarro: «Si el país dispusiera incentivar el uso del seguro subsidiando el 50% de la prima como hace Brasil, el Estado tendría que invertir solamente $ 500 millones. Es decir, u$s 120 millones, importe igual al fondo de la Ley de Emergencia Agropecuaria que dirigentes y funcionarios han coincidido en que es insuficiente para atender el nivel de riesgo de un evento como el actual y por lo cual es urgente ampliarlo».
Dicho de otra forma, ya el Estado está aplicando u$s 120 millones (por la Ley de Emergencia) que no solucionan ninguno de los problemas estructurales que generan este tipo de contingencias naturales y apenas constituyen paliativos parciales, y coyunturales, a situaciones ya ocurridas.
Como es bien sabido, es más caro remediar que prevenir. A pesar de eso, hace décadas que se mantiene la asignatura pendiente, y tampoco se encaran los estudios estratégicos de fondo como, por ejemplo, un completo mapa «del agua», en lo que hace a los verdaderos caudales subterráneos, en calidad y volúmenes en las diferentes regiones.
Y así como hay herramientas financieras para cubrirse (contratos de futuros, opciones, etc.) y servicios como los seguros, también está el tema del agua «de arriba, de abajo, o de los costados (ríos, etc.)», que permita disminuir significativamente el riesgo productivo que, insólitamente, todavía enfrenta la agricultura argentina, a pesar de los avances tecnológicos que ofrece el siglo XXI.
Recursos escasos
Tal vez el ejemplo más claro de aprovechamiento extremo de un recurso deficitario sea el de Israel. Con lluvias que, en el mejor de los casos, apenas rondan los 250 mm anuales, el árido país se transformó en una potencia que, incluso, logró romper el mercado de primicias europeo, al ingresar muy temprano, con frutas y verduras, a las codiciadas góndolas del Viejo Continente.
Para lograrlo no sólo se volvió un especialista en riego (el fuerte es el «goteo» para aprovechar al máximo cada gota de agua), sino también hasta «impermeabilizando» partes del desierto, de forma tal que las precipitaciones queden acumuladas y luego regar desde ahí.
Otro esquema es el que aplicaron los estadounidenses en el valle de California, entre el desierto y el océano Pacífico, convertido también en una potencia agrícola, productora de frutas, verduras, vinos, azúcar, algodón, cítricos, etcétera.


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