25 de julio 2017 - 00:00

Noé en Bellas Artes: cuandoel caos es el gran organizador

Con la curaduría de Cecilia Ivanchevich, el recorrido destaca la vitalidad de un artista expansivo que pintó obras cumbre y retrató nuestro horror.

Noé. “Tormenta en la pampa” (1991). Acrílico sobre tela (215 cm x 250 cm) que integra la muestra “Mirada prospectiva”.
Noé. “Tormenta en la pampa” (1991). Acrílico sobre tela (215 cm x 250 cm) que integra la muestra “Mirada prospectiva”.
El Museo Nacional de Bellas Artes exhibe en estos días "Noé. Mirada prospectiva", una extensa e intensa muestra de un héroe de la pintura argentina. Desdeñando el orden cronológico, la curadora, Cecilia Ivanchevich, organizó una exposición con puntos de convergencia entre el pasado y el presente a lo largo de una producción atravesada por el concepto del caos que, hace seis décadas y en sintonía con la ciencia, el artista comenzó elaborar. A sus 84 años, Luis Felipe Noé, aclara: "Caos no es el desorden del orden, no es una conciencia estática sino dinámica. Es lo que permanentemente se va transformando". En la muestra se destaca la energía, la aceleración que imponen las urgencias de un artista enfrentado a la incertidumbre y el devenir de social y político. "El caos es la vida", agrega el artista.

En la misma medida que cambian las teorías y el arte, el mundo para Noé, se advierten cambios en el pensamiento y en las obras. "Entreveros", una inmensa instalación realizada este año, reúne sus diversos períodos. Allí se pueden rastrear la estética que desde 1957 lo acompaña y el cruce permanente de las obras con las ideas y la historia. Hoy, después de 120 exhibiciones individuales, Noé tiene la oportunidad de reconciliarse consigo mismo, con ese joven artista que supo pintar obras cumbre, retratar nuestro horror y también el esplendor.

Después de su exilio en Francia, cuando regresó al país, las nuevas generaciones de artistas y coleccionistas que habían visto las revolucionarias pinturas del grupo Otra Figuración (1961-1965), descubrieron la grandeza de obras escalofriantes como la "Serie federal". La admiración por la brillante producción de los tempranos sesenta dejó entonces en sombra las pinturas posteriores. Sin embargo, Noé, dedicado a pelear una nueva batalla, se negó a quedar entrampado en la grandeza de su propio pasado. "Asumir el caos es asumir ese orden al que nos negamos en defensa de uno anterior", sostenía el artista en su libro "Antiestética" de 1965.

A contrapelo de las tendencias dominantes pintó los colores exaltados, la selva, los cielos borrascosos y el barroquismo excesivo del paisaje latinoamericano. Obras rechazadas de plano en los circuitos de consagración internacionales. "En los años 70, la línea y el color se unen en sus obras para enunciar la naturaleza como sinónimo de la vitalidad latinoamericana. Así inicia un camino de superación de los límites entre el dibujo y la pintura que será su sello distintivo en los trabajos posteriores a 2003", observa la curadora.

Hace 12 años que Ivanchevich trabaja con Noé, antes había sido su alumna y hoy, brinda una buena pista: los títulos facilitan el acceso a las obras. Así, la muestra va y vuelve por los temas que movilizan al artista; el primero, la conciencia histórica; luego, las cuestiones de identidad y de estilo, como la visión fragmentada y la línea vital. El recorrido destaca la vitalidad de un artista expansivo que, si bien dejó de pintar desde 1966 hasta 1975, cuando creyó que el arte se confundía con la vida social, nunca abandonó el dibujo. "En terapia" se denomina la serie realizada a mano alzada durante sus sesiones psicoanalíticas donde, entre otras cuestiones, habla de la muerte de Jorge de la Vega, su par, su amigo.

La exposición muestra la velocidad de las pinceladas como metáfora del tiempo, característica que determina la sensación oceánica que provocan estos dibujos sobre papel. Este territorio cruzado por tensiones y espacios de choque, donde se detiene, palpita o fluye la pincelada, coincide con los ritmos del hablar y el pensar de Noé, con su característico nerviosismo. El título de la obra, "La estática velocidad", reúne dos términos que a pesar de su antagonismo concuerdan en la imagen. Noé trabaja en un campo óptico imposible de definir como figurativo o abstracto. Su pintura no imita las cosas, es ella misma una cosa, una materia latente que genera vibraciones e irradiaciones cambiantes a medida que el espectador se desplaza.

En abierto contraste figura «Nos estamos entendiendo», una serie de cuadros con formas irregulares, pinturas con el marco recortado que configuran islas de colores vibrantes y, que, a la vez, se pueden ver como un solo cuadro. El conjunto se presenta eslabonado, se «organiza» frente al ojo del espectador. Hay una isla de mayor dimensión, se llama "El estricto orden de las cosas" y flota con su condición inasible en un rincón de la sala.

Dejá tu comentario