5 de agosto 2010 - 00:00

Notables actores recrean un durísimo hecho real

Liam Neeson es un ex asesino de la Ulster Volunteers Force y James Nesbitt el hermano de su víctima, en el excelente drama «Cinco minutos de gloria» del director de «La caída» Oliver Hirschbiegel.
Liam Neeson es un ex asesino de la Ulster Volunteers Force y James Nesbitt el hermano de su víctima, en el excelente drama «Cinco minutos de gloria» del director de «La caída» Oliver Hirschbiegel.
«Cinco minutos de gloria» (Five minutes of Heaven, G. Bretaña-Irlanda, 2009, habl. en inglés). Dir.: O. Hirschbiegel. Guión: G. Hibbert. Int.: L. NeeJ. Nesbitt, A. Marinca.  

«Para saber quién soy deben conocer al hombre que fui» dice en tres ocasiones uno de los personajes. Primero en off, recordando su adolescencia en el Ulster Volunteers Force, su bautismo de sangre matando a otro joven, y el rostro paralizado del hermanito de la víctima. Luego, ya hombre, convertido en prestigioso asesor de programas de ayuda a víctimas de recuerdos violentos, le escuchamos la misma frase como preparada para la tele, como un texto que sabe y repite de memoria. Sobrevuela una sospecha de falso sentimiento. Pero luego la expresión de su rostro nos sugiere que, realmente, siente de veras lo que dice. Mucha gente, cuando debe testimoniar algo el resto de su vida, se arma un discurso que sabe concreto, creíble, y capaz de evitarle conversaciones dispersas o emociones difíciles de manejar.

Ahora, un programa televisivo dedicado a la verdad y la reconciliación va a juntarlo con el hermano de su víctima. Pero él tiene experiencia, y prevé que aquel chico, ahora un hombre grande y amargado, no llegará dispuesto a escuchar un pedido de perdón, ni a perdonar. Sus cinco minutos de gloria serán los de la venganza.

Buena parte de la película se centra en este otro personaje. En sus nervios, su odio, sus peores recuerdos de infancia, su perplejidad cuando empieza a saber realmente algo de ese que tanto tiempo fue para él sólo el asesino de su hermano. Crece la tensión, pero el programa televisivo no lo es todo. La trama sigue en escenarios más reales que la TV, sin más intermediarios que la posibilidad de reflexionar, o de soportar, la descarga. Y la tensión vuelve a crecer. Al asesino le enseñaron cómo matar. No, el drama familiar que viene después. También le dijeron que el tiempo lo cura todo, «pero sólo hace más pesados los años». El cuenta su experiencia en un grupo extremista, y la aplica al presente. «Los niños necesitan que su propia gente les diga no. Una vez que te unes a un grupo, tu mente se cierra. Tu historia es relevante, no la de los otros. Sólo percibes el dolor de los tuyos, no el de los otros». Pero el hermano de la víctima todavía debe hacer su propia experiencia, y su propia reflexión. El asunto es que está enceguecido.

No contamos más nada. Los intérpretes son Liam Neeson y James Nesbitt, excelentes actores, con personajes de esos que a veces no necesitan hablar para que uno deduzca lo que están pensando. El director es el alemán Oliver Hirschbiegel, el de «La caída», sobre los últimos días de Hitler. Y también aquí, la historia se inspira en un hecho real. Sencilla obra maestra, algunos snobs le adjudican un final supuestamente apresurado sin climax ni catarsis, nivel televisivo, cambios de tono, bajo nivel crítico, etcétera. La verdad, la película es sólida, termina donde y cuando debe terminar, simplemente aprieta algo cuando ya está todo dicho, y lo que dice no es nada superficial. Vale la pena.

P.S.

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