10 de diciembre 2013 - 00:00

Novoa: “Contra todas las formas de terrorismo”

Joel Novoa durante su visita al Festival de Mar del Plata: “Desde niño me choca esa creencia de ‘matar porque Dios lo manda’, y me obsesionan las “dobles vidas” de alguna gente”.
Joel Novoa durante su visita al Festival de Mar del Plata: “Desde niño me choca esa creencia de ‘matar porque Dios lo manda’, y me obsesionan las “dobles vidas” de alguna gente”.
Boicoteada por el Gobierno venezolano, éxito en Uruguay, celebrada por el público en el último festival de Mar del Plata, la coproducción venezolana-uruguaya-argentina "Esclavo de Dios", que se estrena este jueves, sobre el cruce entre un terrorista islámico y un agente del Mossad en Buenos Aires, promete polémica, y cumple. Dialogamos con su director, Joel Novoa.

Periodista: ¿Cómo surge esta historia?

Joel Novoa:
Desde niño me choca esa creencia de "matar porque Dios lo manda", y me obsesionan las "dobles vidas" de alguna gente. El 8 de setiembre de 2001, filmando en Barinas, me dió el dengue y debí postergar un vuelo a Nueva York previsto para el 11. Me inquietó ese hecho. Y pensé también, los terroristas tenían familia, uno era médico, ¿hasta qué punto puede el fanatismo dominar sobre los sentimientos de familia? En 2009 estaba en Buenos Aires mezclando el sonido de un corto, cuando se cumplió el 15° aniversario del atentado a la Amia. Un mes después se estrenó "Anita", de Marcos Carnevale. Ahí vi la oportunidad de hacer un thriller que nos acerque como sudamericanos, e involucre a nuestras comunidades árabes y judías.

P.: ¿Cuál es su planteo?

J.N.:
"El ojo por ojo deja al mundo ciego", esa frase de Ghandi la tengo presente en todas mis obras. No terminará la violencia hasta que alguien decida no ejercerla. Pero las cosas no son casuales, el terrorista nace de algún lado. Yo trato de mostrarlo humano. Es interesante ver las dos caras de la moneda. No me gustan esas historias del bueno contra el villano cuya razón de ser se resume en 20 segundos de pantalla. Además creemos poco en la justicia, y en el héroe puro. ¿Y cómo el villano puede pasar de la antiética a ética?

P.: ¿Puede?

J.N.:
El islámico dice "usa tu cuerpo para acabar con el otro". El judío es más práctico, pero le inculcan "tú eres del Pueblo Elegido y debes llevar la moral del mundo". Forma parte de un pueblo superior al resto. Los dos son capaces de morir por Dios, pelean por venganza o para salvar a su gente, y creen que esta vida es una transición.

P.: ¿Filmó sin problemas?

J.N.:
Durante años, funcionarios de Venezuela y la Argentina se pasaron la pelota unos a otros sin aprobar el proyecto. Uruguay fue expeditivo, y tiene una política de incentivos muy favorables, así que empezamos en el centro viejo de Montevideo, que recuerda un poco al Once y el Abasto.

P.: Usted pone una oficina del Mossad en plena Embajada de Israel en Buenos Aires.

J.N.:
Investigué. Siempre hubo uno o dos agentes en el cuerpo diplomático, atendiendo informantes. En 1992, tras el atentado a la embajada, hubo docenas, previendo otro atentado inmediato. Después dejaron sólo un grupo de prevención. Pero el mundo de los agentes de Inteligencia no es lo que el cine idealiza. No hay ningún kidom en la embajada.

P.: ¿Qué es eso?

J.N.:
Un enviado para matar.

P.: Cuénteme de los intérpretes.

J.N.:
Vando Villamil es un privilegio, un segundo director en todas sus partes, me hizo comentarios muy inteligentes sobre detalles de su personaje. Y Mohamed Alkhaldi era un actor en potencia. Lo vi en un documental sobre refugiados en Venezuela. Es profesor de inglés, lo convencí para que actúe, preparado por mi mamá, profesora de actuación, y terminó siendo protagonista, traductor, y coordinador de efectos.

P.: ¿Y qué pasó con la película en Venezuela?

J.N.:
Apenas salió el trailer, el presidente de un canal oficialista me denunció por atentar contra el gobierno de Maduro. Hackearon nuestras páginas web. Y en las copias de estreno pusieron un cortometraje pro-palestino con letras árabes. La gente creía que ése era el comienzo de mi película, que no tiene ningún personaje palestino, pero allá creen que árabes, persas y palestinos son lo mismo. En cambio, en Uruguay las comunidades árabes y judías acordaron una función conjunta, armaron debates, y la recomendaron. En ambos países, fue bastante exitosa.

Entrevista de Paraná Sendrós

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