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Nubarrones amenazan mejora económica
José Siaba Serrate
Es aquí donde encalló la popularidad del Gobierno de Obama. Nobleza obliga: la situación sería infinitamente peor si no se hubiera evitado la «remake» de la Gran Depresión. Pero, ya se sabe, no se conceden medallas por ganar las batallas que no llegan a librarse. Aun así, la recuperación económica tracciona: la pérdida de empleos se redujo a una tercera parte de la que se padeció en el trimestre precedente (y a un décimo del primer trimestre de 2009). Si la recuperación no descarrila, su influjo -más tarde o más temprano- calmará las inclemencias. Como para el Gobierno ésta es una carrera contrarreloj, de cara a los comicios de noviembre, ya le abre el paso a un paquete de anabólicos -por 155 mil millones de dólares- para acelerar los tiempos de la recomposición del empleo.
Comportamiento
Como se preveía, el comportamiento de los inventarios fue decisivo para que la producción levara anclas con tamaña pujanza. Es el segundo trimestre consecutivo que los inventarios juegan a favor. Pero esta vez su contribución fue mayúscula: explican, por sí solos, un crecimiento del Producto Bruto del 3,4%. Lo más notable es que todavía los inventarios en sí no aumentaron. Su cuantía se redujo en 160 mil millones de dólares constantes en el segundo trimestre y en 139 mil millones en el tercero. Como sólo mermaron en 33 mil millones en el cuarto trimestre -con escaso derrame hacia las importaciones-, el tirón sobre la producción interna fue muy considerable. Conviene, sin embargo, conservar la perspectiva acerca de la naturaleza del fenómeno: si bien la recomposición de stocks no se agotó, hacia adelante, su incidencia será menor. Por ende, la recuperación de la economía, sí o sí, deberá cambiar de monta. Será la fortaleza de la demanda final la que determine si continuará al trote suave o si ensayará un improbable galope. Y de sus flaquezas habrá de cuidarse para no aterrizar de un súbito corcovo.
Si se hacen los inventarios a un lado, los resultados no son brillantes, pero el cuadro -comparado con las expectativas de un año atrás- es más que satisfactorio. La demanda final delinea, sin euforias, una tendencia clara de reconstrucción. Ya en el segundo trimestre, clavó una pica en territorio positivo. Aumentó un 0,7% y, tres meses después, un 1,5% anualizado. Cerró 2009, como se dijo, en un peldaño más alto: 2,2%. Queda claro que el consumo privado recuperó la vertical. Creció un 2,8% entre junio y setiembre por cortesía del Plan Canje automotor. Pero, sin aliciente alguno, se las arregló para avanzar un 2% en el cuarto trimestre. Por su parte, la inversión privada, siempre volátil, ahora suma en vez de restar. Ya cesó -en los últimos seis meses- el huracán adverso de la inversión en vivienda. Y un aumento del 13,3% en el gasto empresario en equipamiento y software es una sorpresa que resulta alentadora (si bien la inversión en estructuras todavía declina). Así desmenuzada, la recuperación, siendo frágil, echa raíces. El sector externo ya es un abonado regular a la tasa de crecimiento (con un incremento sostenido de las exportaciones netas). Y, en el cuarto trimestre, fue el sector privado el que empujó. El gasto público hizo mutis por el foro: se contrajo un 0,2%.
Quien repase las gráficas detectará una recuperación en ve corta del Producto Bruto (y, más suave, del gasto). Sin embargo, el debate sobre la caligrafía de la recuperación está lejos de haber concluido. Comparada con otros episodios de resurrección, sus bríos son modestos. Propios, si se quiere, de una ve minúscula. Y de las crisis que arrastran consigo la mochila de un sistema financiero en profundo desarreglo. Un destino final de raíz cuadrada -un tránsito cansino, tras el espaldarazo temporario del ajuste de existencias- luce como muy probable. Conste, además, que habrá que cruzar uno que otro frente de tormenta. Si se observan los focos en gestación, será imposible que se disuelvan todos de manera incruenta. La recuperación misma, al avanzar, condensa sus propios nubarrones. Razonablemente, China, y ahora también la India, ensayan un repliegue de sus estrategias de aliento. Menos razonablemente, se advierte una fatiga con las políticas de estímulo en EE.UU. y en Europa. El año electoral obliga a tomar nota de una insatisfacción creciente. Si tras rescatar a los bancos, la histeria urge a zamarrearlos (cuando recién promedia la digestión de los quebrantos esperados), nadie puede garantizar que no habrá más zozobra. Bolsas que han trepado más del 70%, sin mayores percances desde marzo, son blancos fáciles para una corrección. Desde ya, el precoz regreso de las posturas moralizantes promete nuevos tumbos. La lección de la Unión Europea a Grecia -como castigo por su desaprensión fiscal y la grotesca manipulación de sus estadísticas- se convirtió en una pasmosa erosión de sus finanzas. Y si la dinámica no revierte pronto, será un peligroso tiro por la culata. La posibilidad de una crisis de crédito soberana en países calificados como grado de inversión nunca estuvo tan cercana.


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