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Nueva York: la noche según Van Gogh en el Moma
«Van Gogh y los colores de la noche» reúne por primera vez obras que muestran la fascinación del artista por escenas crepusculares y nocturnas y las actividades asociadas a ellas.
Dividida en cuatro núcleos, el primero, «Paisajes en el Crepúsculo» (1883/4), obras tempranas pintadas a la manera tradicional como los artistas de la Escuela de Barbizon, entre ellos, Charles Daubigny y Jules Dupré a quienes admiraba por sus efectos nocturnos pero Van Gogh pronto daría un giro de timón. El segundo núcleo, «Vida campesina: los paisanos en su entorno», está dedicada al estudio de los campesinos en Nuenen donde creó su primera obra maestra, «Los comedores de papas», con gran influencia de las escenas nocturnas de Rembrandt. También pintó el tema de las casa de campo, edificios pintorescos que él denominaba «nidos humanos», motivo recurrente, tanto exterior como interior que capta la hora del crepúsculo en la que se ve una pequeña llama a través de la ventana que apenas ilumina a sus moradores.
El tercer núcleo, «La voz del maizal-Un nocturno», título tomado de un poema de Jules Breton citado por Van Gogh, está integrado por obras que relatan la vida y el trabajo de los campesinos, la siembra del maíz, la cosecha, muchas de estas escenas durante el crepúsculo o cuando la luna comenzaba a iluminar los campos.
«La poesía de la Noche», el último núcleo, incluye el famoso retrato de Eugéne Boch (1888) contra un cielo estrellado. Según Maite van Dijk y Jennifer Field, autoras del texto correspondiente, «la noche demostró ser catalizadora de pensamientos filosóficos, religiosos y poéticos para el artista» y en sus cartas, verdaderos documentos, asociaba el cielo celestial con referencias al infinito, a la fe, la convivencia, la esperanza.
Van Gogh era un ávido lector y estaba muy al tanto de la tradición literaria del siglo XIX, cuentos y poemas que caracterizaban a la noche como el momento de la contemplación. Sin embargo en este núcleo también se encuentran «La silla de Gauguin» (1888), época en la que éste llegó a Arles, «La silla de van Gogh» (1888), «El salón de baile en Arles», «Mujer leyendo una novela» (1888), que remiten al «cloisonnisme», tan en boga bajo la influencia de las xilografías japonesas.
Pero la noche también significaba un momento siniestro, como «El Café Nocturno», un lugar peligroso, «donde uno puede arruinarse, enloquecer, cometer delitos», lo que expresó a través de rojos violentos y complementarios del verde, amarillos demasiado brillantes.
Poco tiempo después pintó «La noche estrellada». Logra el efecto deseado por el contraste entre la luz y la oscuridad, los efectos son cuidadosamente controlados y ya se sabe que la técnica , el estilo y el contenido van al unísono en sus escenas nocturnas.
Lo pintó en el lugar, «gozo enormemente al hacerlo,
es la única manera de salirse de la convencional noche oscura».
La noche estrellada tenía un gran significado espiritual para el artista y su creencia en las propiedades simbólicas de ciertos elementos de la naturaleza: el ciprés y las estrellas simbolizan la eternidad.


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