26 de febrero 2010 - 00:22

Obama se arriesga a una ley de salud sólo oficialista

En un extenuante debate, reconoció que no se podrán zanjar diferencias con republicanos

Barack Obama se arriesgó ayer a un tenso debate televisado con líderes demócratas y republicanos sobre la reforma sanitaria en la Blair House, próxima a la Casa Blanca. No le fue bien. Quedaron registradas las profundas diferencias entre unos y otros.
Barack Obama se arriesgó ayer a un tenso debate televisado con líderes demócratas y republicanos sobre la reforma sanitaria en la Blair House, próxima a la Casa Blanca. No le fue bien. Quedaron registradas las profundas diferencias entre unos y otros.
Washington - El carisma no le sirvió ayer al presidente estadounidense, Barack Obama, para aunar criterios entre demócratas y republicanos con el fin de alcanzar el tan anhelado consenso en torno de la reforma de salud. Tras casi siete horas de debate televisivo con parlamentarios de ambos partidos, el mandatario norteamericano reconoció que ya no está seguro de que se puedan «superar las brechas», por lo que se arriesgaría a seguir adelante sin el apoyo opositor.

Después de escuchar durante horas los reclamos y las críticas de la oposición, Obama reconoció desesperanzado: «No sé si estas brechas (con la oposición) se pueden superar», lo que implicaría que los republicanos harían pesar el bloqueo con el que cuentan en la Cámara alta, por lo que sería necesario la utilización de un mecanismo legislativo excepcional.

Tan irreconciliables parecen estas diferencias que el senador republicano, Lamar Alexander, llamó a que se comience desde cero con el debate de las bases de esta iniciativa, dejando de lado todo lo avanzado en estos meses.

«Tenemos que comenzar tomando el actual proyecto y poniéndolo en un estante y comenzar con una hoja en blanco. Éste es un auto que no puede ser retirado y arreglado», afirmó.

Obama encabezó ayer una reunión con unos cuarenta diputados y senadores demócratas y republicanos para intentar darle un impulso final a la atascada reforma sanitaria, trabada precisamente en el Congreso por la resistencia de la oposición e incluso de algunos demócratas.

La reunión, altamente publicitada y transmitida en directo por las cadenas de noticias, se convirtió finalmente en un nuevo escenario para el cruce de acusaciones.

«Debemos enfocarnos no solamente en los puntos en los que disentimos, sino también en aquéllos en los que estamos de acuerdo, porque existen acuerdos significativos en muchas cuestiones» de la reforma, sostuvo Obama al abrir la reunión en la Blair House, la mansión enfrente de la Casa Blanca donde habitualmente se alojan los mandatarios extranjeros.

«Todos sabemos que esto es urgente» y que «el problema no está mejorando, sino empeorando», afirmó el presidente en referencia a la situación sanitaria del país, adonde unos 50 millones de estadounidenses no tienen cobertura médica, y donde aquellos que sí cuentan con pólizas están sometidos a la discreción de las compañías aseguradoras.

Dos versiones de la reforma fueron aprobados por senadores y diputados, por lo que se requiere todavía consenso bicameral. Allí se espera que los republicanos sigan resistiendo varios puntos del proyecto, desde su posible impacto sobre el déficit fiscal a la posibilidad de que se utilicen fondos federales para financiar abortos.

A la sombra del choque partidista de ayer en la Blair House, operadores parlamentarios demócratas ya están trabajando en la posibilidad de avanzar con la aprobación de una ley de reforma sanitaria exclusivamente oficialista, sin participación de los republicanos en la oposición, descartando el -hasta hoy- infructuoso debate.

Según fuentes citadas por la prensa local, los demócratas impulsarán la versión de la reforma presentada el lunes por el presidente Obama, que prevé una inversión de u$s 950.000 millones y la extensión del seguro médico a unos 31 millones de estadounidenses.

El oficialismo cuenta todavía con mayoría en ambas cámaras y está en condiciones de convocar a un voto a través de un proceso legislativo conocido como «reconciliación», que permite considerar proyectos de ley presupuestarios que ya fueron discutidos. La excepcional «reconciliación» prevé que una mayoría simple de 51 votos en el Senado alcance para aprobar un proyecto.

«Estamos de acuerdo que hacen falta reformas en el mercado del seguro médico, pero no estamos de acuerdo en cuáles tienen que ser», concluyó Obama al cerrar la reunión.