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Obras públicas: un año perdido y subejecutado
Los datos de 2015, consolidados en julio pasado por las actuales autoridades, muestran que ese año, el último de nuestra gestión, se ejecutaron 18.527 millones de dólares es decir el 97 por ciento de los presupuestado, 2 puntos por encima del promedio de toda la Administración Pública para ese ejercicio. Cabe recordar que entre 2003 y 2015 el nivel de ejecución del Ministerio de Planificación Federal nunca fue menor al 95 por ciento.
Ahora bien, un análisis detallado de lo actuado por los cuatro ministerios en que fue partido el de Planificación Federal (no cuento la parte del CCK y la televisión digital que está a cargo de Lombardi porque no hizo más que echar gente) arroja resultados francamente preocupantes. La ejecución del año 2016 se ubica en el 81 por ciento (la de toda la Administración Pública fue del 88 por ciento).
En otros términos, entre cuatro ministerios (incluyendo Transporte) ejecutaron el año pasado 18.252 millones de dólares, es decir casi 300 millones de dólares menos que el Ministerio de Planificación Federal en 2015 (que no incluía Transporte).
Sacando el Ministerio de Comunicaciones, que quedó con un presupuesto muy bajo, la peor gestión es la del Ministerio de Interior y Obras Públicas que conduce Rogelio Frigerio, que sólo pudo ejecutar el 74 por ciento de lo asignado, bastante menos que el 80 por ciento que había prometido en la Comisión de Presupuesto.
El propio ministro ha reconocido públicamente esta situación que atribuyó a que tuvo que "revisar" las licitaciones por supuestas irregularidades. Lo curioso es quien realizó denuncias, claramente infundadas y contradictorias con la auditoría técnica, fue la Dirección Nacional Vialidad, área que no está bajo su órbita.
Asimismo, los supuestos hechos de corrupción sólo se refieren a las obras realizadas en una provincia y por un solo empresario (que durante nuestra gestión figura en el puesto 40 entre los que más recibieron). Por lo que bien puede sospecharse que se está ante una persecución política o que se está encubriendo al resto de las contratistas (IECSA y Caputo incluidos).
A pesar de que el Presidente y sus ministros repiten hasta el cansancio que la obra pública será uno de los motores de la economía, los datos de enero de 2016 continúan mostrando una ejecución de los cuatro ministerios que no supera el 1,4 por ciento, cuando en el primer trimestre debería llegar al 25 por ciento.
En definitiva, subejecutar el presupuesto de obras públicas, sea en forma intencional o como por ineptitud, es incumplir la ley y eso debería tener consecuencias políticas y legales.


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