10 de mayo 2026 - 00:00

Urbanismo y avances tecnológicos: la innovación corre más rápido que las regulaciones

Desde las antenas de telefonía celular hasta los monopatines eléctricos y la movilidad aérea urbana, la regulación suele llegar después de la aceptación social y obliga a repensar el equilibrio entre competencias federales y locales.

El avance de nuevas formas de movilidad urbana obliga a repensar la regulación en las ciudades.

El avance de nuevas formas de movilidad urbana obliga a repensar la regulación en las ciudades.

Kavak

Las tecnologías están siempre por delante de las regulaciones, eso es un hecho. Y esto tiene impacto en nuestra vida cotidiana sobre todo en las grandes ciudades.

I.- Recordemos en la década de los noventas, las primeras antenas de telefonía celular móvil.

Recordemos también esas grandes cajas que eran más batería que el artefacto que permitía la telecomunicación propiamente dicha. Pero el servicio no se prestaba solo, sino que requería del emplazamiento de redes de telefonía —estructuras portantes de antenas y radiobases— que permitían transmitir la comunicación de un punto a otro, funcionando como un verdadero panel.

Pero la prestación de este servicio es complementado por la utilización del espectro radioeléctrico. Es decir, la asignación de frecuencias o rangos de banda que asigna el Estado en la cual cada operador puede transmitir vía aérea las telecomunicaciones o servicios de transmisión de datos, es de competencia federal o nacional.

A todos nos maravillaba el hecho de poder estar conectados en todo momento y desprendernos del teléfono de línea. Pero al tiempo de comenzar su funcionamiento empezaron los cuestionamientos de las distintas municipalidades, sobre todo en materia de salubridad.

A modo de ejemplo, la Municipalidad de Lanús prohibió -mediante la ordenanza 9438/01- el emplazamiento de antenas de telefonía celular en su territorio. Es decir, nos gustaba estar comunicados, pero no queríamos a las antenas cerca, bajo una presunción de que podría causarnos daños a la salud.

Y ello motivó la sanción de normativa prohibitoria de antenas en diversas municipalidades, hasta tanto sea demostrada la inocuidad de las radiaciones que estas emiten. Es decir, los habitantes del Municipio querían estar comunicados pero ante la prohibición, podrían haber quedado desconectados. Y es aquí donde la aceptación social de las nuevas tecnologías fue clave para integrar el urbanismo y el servicio de telecomunicaciones.

Fue cuestión de años y de diversos estudios científicos, para que esta nueva tecnología fuese aceptada como algo inocuo para la salud humana. De hecho, motivó hasta un estudio particularizado de la Organización Mundial de la Salud, donde era indicado que no existen evidencias científicas que indiquen que las radiaciones que emiten las antenas causan daño a la salud humana.

Volviendo al caso concreto, la justicia federal entendió que la intervención de la Municipalidad de Lanús prohibiendo el emplazamiento de antenas de telefonía celular interfería con las telecomunicaciones y que correspondía al Estado Nacional fiscalizar la emisión de radiaciones no ionizantes.

El debate entre urbanismo y servicios federales es permanente. Y sobre todo cuando las tecnologías avanzan más rápido que las regulaciones. Pero por sobre todo la aceptación social de las antenas fue clave para el funcionamiento del servicio.

II.- Pero las tecnologías avanzan, y vemos en las urbes una proliferación de monopatines eléctricos. ¿Y ahora qué hacemos con estos nuevos vehículos que en algunos casos superan la velocidad máxima de circulación permitida en una ciudad? La Ley de Tránsito 24.449, si bien es una norma de adhesión por parte de las provincias y municipios, está lejos de regular esta nueva tecnología que ya funciona.

Y como siempre, lo primero fue la aceptación social de esta nueva forma de movilidad urbana: lo segundo la regulación de estos nuevos medios de transporte.

A modo de ejemplo, el Reino de España recientemente ha dictado la Ley 2/2025 fijando determinadas reglas de circulación y exigiendo el clásico seguro de responsabilidad civil para poder circular, puesto que se han caracterizado como una nueva clase de vehículos que se incorporan a las ciudades.

Ahora bien, ¿qué va a pasar cuando la ciudad no pueda crecer más sobre la tierra? La población crece, mientras que los espacios en tierra siguen iguales.

III.- Y es aquí donde las principales ciudades del mundo empiezan el proceso de crecer hacia los cielos. Concretamente, la movilidad aérea urbana se nos va a presentar como el futuro del transporte en las ciudades. Días atrás fue noticia en Estados Unidos de América, la autorización para realizar el servicio de taxis aéreos en las ciudades.

Pero más allá de la complejidad de la regulación del uso de los cielos como espacio finito que pueden realizar los gobiernos nacionales, estas nuevas actividades requieren de una perfecta integración con las ciudades.

Es decir, podrán volar pero si no tienen espacios aptos para aterrizar, difícilmente puedan lograr una efectiva prestación del servicio de transporte de pasajeros.

Y aquí se produce un paralelismo con el servicio de telefonía celular y transmisión de datos puesto que sin estructuras portantes de antenas, difícilmente podríamos estar comunicados.

La permanente colisión entre servicios interjurisdiccionales federales y el urbanismo requiere de un delicado equilibrio como complemento para el desarrollo de las actividades.

Concluyendo, las tecnologías avanzan y también nos avanzan. La aceptación social de estos nuevos servicios va a ser clave para su incorporación a nuestro quehacer cotidiano. Pero ello va a requerir de una perfecta armonización entre las competencias federales y las competencias locales de los municipios de modo tal que no se produzcan interferencias con los servicios.

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