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Opción de hierro: default o acuerdo
El atajo del cambio de jurisdicción es sumamente riesgoso e improbable pues involucraría a entidades financieras temerosas de las Cortes de EE.UU. Recordemos las enormes multas y sanciones aplicadas a diversos bancos, incluso extranjeros, y empresas. Multas en exceso a los 10.000 millones de dólares por empresa castigaron a varios. Ninguna entidad significativa aceptaría desafiar órdenes expresas de tribunales estadounidenses. El cambio de jurisdicción conduciría al default y al mayor aislamiento argentino, por mucho tiempo. Justo cuando la Copa del Mundo nos contrasta los goces de pertenecer.
La negociación siempre implica reconocer, y ponerse de acuerdo, en distribuir intereses comunes, compartidos. Si bien el Fondo Elliott y otros litigantes ganaron todas las instancias judiciales les falta la más importante: cobrar. Y la llave la tiene la Argentina, junto con Griesa.
¿Cuáles son los intereses coincidentes entre Fondo Elliott y Argentina? Para cobrar, Elliot debe aceptar un cierto orden entre los acreedores. Como la trágica puerta 12, si todos quieren salir al mismo tiempo, ocurre la debacle. Elliott debe aceptar que puede cobrar en tanto consiga garantías suficientes y no entorpezca el manejo de la deuda argentina. Esto incluye la clásula RUFO, Rights Upon Future Offers. Que garantiza a los bonistas reestructurados un trato no peor al de cualquier ofrecimiento posterior. La cláusula vence a fin de este año. También está el levantamiento del stay, la cautelar que suspendía embargar fondos para pagar a los holdouts. Además de Elliott y socios, otros holdouts podrían reclamar pagos por 15.000 millones de dólares.
La negociación no es demasiado complicada, una vez que las partes reconozcan que, en alguna medida, están asociados. Elliott, para cobrar, no puede desestabilizar la economía argentina. Nuestras autoridades deben reconocer que, para seguir adelante, deben pagar a Elliott y otros reclamantes. La cláusula RUFO pone un límite mínimo, el pago por parte del Gobierno argentino debiera ser no antes de 2015. El juez Griesa podría aceptar que, una vez acordadas las cuestiones principales, los pagos corrieran a partir del próximo año. El acuerdo debe estar cuidadosamente redactado para que ninguno de los bonistas reestructurados pueda invocar la cláusula RUFO con éxito.
La Argentina ofrece muchas oportunidades de inversión. Toda la infraestructura vial, portuaria, trenes, energía, y productiva necesita ampliarse, ofreciendo excelentes rendimientos. Las riquezas de Vaca Muerta podrían atraer fuertes inversiones, una vez normalizadas las relaciones financieras con el mundo. Sin acuerdos que despejen incertidumbre, nunca llegarían esos capitales. Los ingresos de todos los argentinos están en juego.
Win Win. Todos ganan. Con este arreglo, todas las partes ganarían. Los bonistas reestructurados que seguirían disfrutando de altas rentas, sin mayores tropiezos. Elliott, finalmente cobraría lo reconocido en tribunales. Los demás holdouts conseguirían ofertas más generosas que en los canjes anteriores. Argentina habría negociado un enfrentamiento conflictivo en el que o bien todos pierden o alternativamente ganen, dependiendo de las decisiones adoptadas. Y nuestro país despejaría muchas dudas hacia futuro.


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