8 de agosto 2012 - 00:00

Orden de Dilma: “No perder un minuto en el mensalao”

Dilma Rousseff
Dilma Rousseff
San Pablo - El Gobierno de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, rechazó ayer sufrir un desgaste a raíz del juicio que se les sigue a exdirigentes del Partido de los Trabajadores (PT), acusados de pagar sobornos a parlamentarios aliados en los primeros años de la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva.

Rousseff, según informó el secretario general de la presidencia, Gilberto Carvalho, reclamó a todos los ministros a «no perder un minuto» con el juicio que dominará el mes de agosto en el Supremo Tribunal Federal y seguir trabajando «con rigor», en un escenario de crisis internacional.

«La orden (de Rousseff) es que nadie pierde un minuto de su labor viendo por TV o siguiendo el proceso -reveló-. Los ministros pueden informarse, pero en sus horas libres y sin dejar de trabajar con el máximo rigor». La presidenta goza con el 70% de apoyo y tanto ella como Lula ganarían las elecciones de 2014, según la última encuesta de Sensus del viernes pasado.

Carvalho intentó diferenciar el juicio contra 38 acusados de montar un sistema de corrupción con pago de sobornos para respaldar al Gobierno de Lula con la opinión pública y el éxito electoral del exsindicalista con su reelección en 2006 y la victoria de Rousseff en 2010.

«Lo que le interesa al pueblo brasileño en este momento es la continuidad de este proceso que sigue desde 2003, de los cambios que estamos realizando en el país», afirmó Carvalho, hombre de máxima confianza de Lula e interlocutor de Rousseff con los movimientos sociales. El secretario general de la presidencia apuntó también que la opinión del Gobierno es separar el resultado del juicio del «mensalao», como se conoce al escándalo que explotó en 2005, con las elecciones municipales del 7 de octubre próximo.

«Tenemos la convicción de que aquellos que apuestan a este juicio como un desgaste de este proyecto político se decepcionarán, porque el pueblo evalúa cómo está su vida, su realidad, la justicia», explicó.

«Cuando desde 2005 muchos apostaban al desmantelamiento del Gobierno de Lula, la realidad de los hechos primó porque el país estaba cambiando, creciendo y distribuyendo el ingreso», sostuvo.

Es el primer gran análisis que realiza el Gobierno sobre el escándalo del supuesto pago de sobornos a parlamentarios que estalló en 2005 y que derribó al hombre fuerte del Gobierno de entonces y mano derecha de Lula, el ministro coordinador José Dirceu. Éste está acusado por el procurador general de la República, Roberto Gurgel, de comandar con la cúpula del PT de la época una organización criminal de desvío de dinero público que pagó sobornos a parlamentarios de partidos aliados a cambio de apoyo parlamentario. Rousseff y Lula son testigos a favor de Dirceu, quien niega los cargos. El que asumió la responsabilidad del escándalo el lunes ante el Supremo Tribunal Federal fue el extesorero del PT Delubio Soares. Pero niega que haya habido sobornos y sí admite una «caja 2», un sistema de financiamiento ilegal de campañas para abastecer a los partidos aliados.

La máxima corte escuchó los argumentos de los empresarios, publicistas y directivos de bancos privados que fueron utilizados para abastecer supuestamente de unos 20 millones de dólares las cuentas del PT para que éste los repartiera a sus aliados. El punto radica en si esas transferencias de dinero no contabilizado fue soborno o pagos por haberse sumado al proyecto Lula en la campaña presidencial victoriosa de 2002.

La práctica de supuesta «caja 2» está siendo investigada, también, en el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) a raíz de la supuesta ilegalidad en la campaña de 1998, año de la reelección de Fernando Henrique Cardoso.

A 60 días del inicio de las elecciones municipales, el escenario político puede estar dominado por el resultado del «mensalao». «Espero que el tribunal se base en las pruebas, como lo hará, y no en función de ciertas tendencias que son llamadas como opinión pública y en realidad son opinión publicada», dijo ante corresponsales extranjeros Marco Aurelio García, asesor de asuntos exteriores de Rousseff y también del Gobierno de Lula.

La gran obsesión del PT es ganar la alcaldía de San Pablo, en manos del conservador Gilberto Kassab, y para la cual la oposición cuenta con José Serra, del PSDB, excandidato presidencial derrotado por Lula y Rousseff, como el favorito.

Lula, contrariando al PT, puso de candidato a su exministro de Educación, Fernando Haddad, que debutará en elecciones.

Haddad está, según las encuestas, a 20 puntos de Serra, el principal obstáculo para que Lula desembarque en la principal metrópoli sudamericana en términos económicos.

Agencia ANSA

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