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Otra locura de Palermo

Parecía una tarde más, de las habituales del Boca versión 2009, con las mismas características de siempre. Abrió el marcador Leandro Caruso de cabeza, como tantos que les han señalado a los defensores xeneizes en los últimos meses. Volvió a estar abajo en el marcador (previo empate de Battaglia) ante la pasividad de la defensa, la cual volvió a aprovechar Caruso. Y lo tuvo Vélez para liquidarlo, pero Hernán Rodrigo López desperdició debajo del arco y con Abbondanzieri vencido, perdiendo una oportunidad única. Ahí renació Boca.
Riquelme empezó a pesar más, Insúa se transformó en un socio ideal, y Vélez, de a poco, fue dando pasos hacia atrás. Y a pesar de la buena actuación de Germán Montoya, ante la grandeza y la categoría no hay esquema defensivo que resista. A los 19 del complemento, Riquelme buscó a algún compañero y, ante la imposibilidad de pase, no tuvo mejor idea el 10 que colgarla en un ángulo con su derecha prodigiosa. Empate, y Boca iba por más, pero nadie imaginó que el camino hacia el triunfo lo encontraría con uno de esos goles de Palermo que provocan en el hincha que la anécdota la cuente dentro de un par de años con un «... el día que Martín hizo del gol de cabeza desde 40 metros...». Pelotazo largo de Insúa, Montoya que salió a reventarla con tan poca fortuna que la pelota cayó en la frente de Palermo, más cerca del círculo central que del área de Vélez. Nada de casualidad; el mejor cabeceador del país le dio dirección y potencia para que Boca vuelva a ganar después de cuatro partidos por el Apertura, una eliminación de la Sudamericana y una renuncia de Basile, demasiadas cosas como para que Palermo no pierda la cabeza, o que Vélez no pierda por la cabeza de Palermo.


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