28 de enero 2010 - 00:00

Otro efecto del Central: renunciaron a Guglielmino

El Gobierno le pidió ayer la renuncia a Osvaldo Guglielmino, procurador del Tesoro. El encargado hasta ahora de defender al Estado cayó en medio de la misma crisis que en pocas horas cerrará también legalmente la salida definitiva de Martín Redrado del BCRA.
El Gobierno le pidió ayer la renuncia a Osvaldo Guglielmino, procurador del Tesoro. El encargado hasta ahora de defender al Estado cayó en medio de la misma crisis que en pocas horas cerrará también legalmente la salida definitiva de Martín Redrado del BCRA.
No perdió tiempo el Gobierno en medio de la crisis en el Banco Central y las deliberaciones de la Bicameral en el Congreso: ayer a las 9 de la mañana, el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos «Chino» Zannini, le ordenó a su amigo el procurador general del Tesoro, Osvaldo Guglielmino, que renuncie. Le explicó que era una decisión de la presidente Cristina de Kirchner. Poco después ya se conocía al reemplazante: Joaquín da Rocha, ex representante del Gobierno en el Consejo de la Magistratura que renunció en 2006. Luego estuvo a punto de ser designado ministro de Justicia en el Gobierno de Daniel Scioli, aunque nunca se llegó a concretar.

En medio de la crisis, Guglielmino escuchó ayer sorprendido las explicaciones de Zannini. El matrimonio presidencial está convencido de que hay una conspiración en marcha y ve conspiradores atrás de cada cortinado. Por eso a primera hora de la mañana la mandataria le pidió al «Chino» Zannini que se deshaga de su amigo porque fue a declarar a la Comisión Bicameral. Para ella fue una afrenta, casi una traición. Un hombre de su Gobierno no puede acatar un pedido del vicepresidente Julio Cobos. «Debió haberme avisado antes», le dijo al «Chino» Zannini, que en vano trataba de disuadirla para que el decreto del Fondo del Bicentenario no siga generando víctimas. Pero fue inútil.

Desde que Martín Redrado se «paró de manos», como dirían en la jerga tumbera, el matrimonio presidencial está susceptible y le cuesta controlar los impulsos.

Guglielmino es el caso más emblemático de este disparar a ciegas. El solo hecho de asistir a declarar a la Bicameral lo convirtió en un conspirador.

El procurador es un abogado que le ha hecho ganar a la Argentina la mayoría de los juicios que enfrenta en el CIADI. En su gestión salió airoso de demandas por casi u$s 16 mil millones.

A pesar de esos antecedentes, cuando se ideó el Fondo del Bicentenario, Guglielmino no fue consultado. La redacción del decreto se hizo sin su opinión.

Aunque no participó en la redacción del DNU que provocó la crisis, tuvo que salir a enfrentar las consecuencias. Fue el negociador oficial para que Martín Redrado deponga la resistencia a abandonar el banco. Se reunieron en la Procuraduría. Ambos estaban abiertos a una solución. Redrado sólo pedía que se anulara el decreto de remoción y después presentaría la renuncia. La diferencia estaba en los tiempos. Guglielmino quería que primero renunciara y después se anulaba el decreto. Redrado desconfió y no hubo acuerdo. Ese fue el momento más cercano a una solución que hubiera evitado lo que vino después.

Ese mismo día Guglielmino tuvo que responder a la demanda de la provincia de San Luis ante la Corte Suprema para que no se utilicen las reservas para pagar a los bonistas. En una presentación de 59 páginas, fundamentó el rechazo a la demanda del gobernador Alberto Rodríguez Saá.

También tuvo que presentar, por pedido de Zannini, la denuncia penal contra el diputado del PRO Federico Pinedo por «estafa procesal».

Ahora, tal vez, el procurador estará pensando en la reunión del 8 de enero, cuando intentó convencer a Redrado de que se vaya del Banco Central. Esa tarde no imaginaba que 22 días después iba a seguir el mismo camino.

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