- ámbito
- Edición Impresa
Otro fracaso de Hicks: debe vender Liverpool
Hoy los «reds» siguen jugando en el viejo Anfield Stadium, sus números combinan con el color de sus camisetas y su equipo está en zona de descenso (tercero empezando de abajo). La transición no será sencilla: el directorio del Liverpool aprobó la venta, pero Hicks y Gillett se oponen, aduciendo que el precio propuesto es demasiado bajo. Un caos.
Este es el panorama que recibirán los nuevos dueños, viejos conocidos de Hicks de sus (recientes) días de dueño de una franquicia de béisbol: el comprador será el grupo propietario de los Boston Red Sox («medias rojas»).
Lo que pagaría New England Sports Ventures (NESV) por el Liverpool ronda los u$s 480 millones, un monto apenas suficiente para enjugar los pasivos que dejará Hicks y menos de la mitad de la cifra que él y su socio pretendían, que se acercaba a los u$s 1.200 millones. Los nuevos accionistas deberán aportar, además, una fuerte suma -al menos es lo que esperan sus fans- para reforzar el plantel.
Hicks y Gillett compraron el club en 2007; desde entonces se enzarzaron en una disputa por el control, que llegó a los tribunales. Fue una de las razones por las cuales el club cayó en picada, y no logró clasificarse para la Champions League. Tampoco le fue bien con los Texas Rangers: después de presentarse en concurso preventivo («chapter 11») con pasivos por casi u$s 600 millones y una batalla legal con sus acreedores, logró venderle el club hace dos meses a un grupo formado por un abogado de Pittsburgh y un ex jugador estelar.
En sentido inverso, el fondo NESV logró terminar con la denominada «maldición del Bambino»: los «BoSox», uno de los más populares de Estados Unidos, no salía campeón desde 1918, cuando vendieron la mayor estrella de ese deporte de todos los tiempos, George «Babe» (a) «Bambino» Ruth, a sus archirrivales los New York Yankees. La operación es el equivalente de Boca Juniors vendiéndole el pase de Román Riquelme a River Plate. Los Sox ganaron la Serie Mundial en 2004 (repitieron en 2007), un año antes de que el Liverpool obtuviera su última Premier.
Ahora, llegan a Liverpool con promesas similares a las de sus antecesores: «Nuestro objetivo es estabilizar el club con el fin de poner al Liverpool en su verdadero lugar en el fútbol inglés y europeo, compitiendo y ganando títulos, y dotarlo de una base económica sólida». No será sencillo: su deuda exigible, que vence el 15 de octubre, es de casi u$s 330 millones; su principal acreedor es el Royal Bank of Scotland (RBS), justamente por el crédito apalancado que usaron para la compra del club. Se supone que los vendedores usarán parte del producido por la operación en cancelar este pasivo.
Otro elemento que se suma al caos es la pelea entre Marc Broughton, CEO del club contratado en julio por Hicks y Gillett justamente para venderlo, quien -para apoyar su decisión de avanzar con la operación- dice que los dueños «flagrantemente violaron todos los acuerdos firmados con el RBS» para cancelar la deuda. Hicks y Gillett habían pagado u$s 275 millones por el club, más asumir una deuda de u$s 70 millones; a eso -dicen ellos- deben sumársele los u$s 275 millones que llevan invertidos desde 2007.


Dejá tu comentario