9 de diciembre 2010 - 00:00

Pacto social: reunión secreta De Vido-Rocca

El Gobierno está intentando reemplazar el pacto social con acercamientos puntuales a los principales empresarios. En este marco fue que la semana pasada, y en secreto, se reunieron el ministro de Planificación Julio De Vido con Paolo Rocca, el titular del Grupo Techint y su mano derecha, Luis Betnaza.

El motivo formal del encuentro fue hablar de la hasta ahora frustrada «mesa tripartita» (Gobierno, empresas, gremios) que lanzó la Presidente hace justo un mes en la Conferencia Industrial de la UIA. Sin embargo, muchos colegas de Rocca lo interpretaron como un movimiento del Gobierno para romper la alianza que mantienen Techint y Clarín, y que se evidenció hace un par de semanas cuando ambos grupos impidieron que miembros de AEA (Asociación Empresaria Argentina), entidad que orientan junto con Luis Pagani (Arcor) se sumara a la convocatoria del Consejo Económico para el Desarrollo Social.

En esa oportunidad un empresario textil había gestionado una entrevista entre AEA y De Vido; dado el buen vínculo que mantiene el ministro con el empresariado, muchos socios de la entidad aceptaron el convite (se dice que el gestor, Teodoro Karagozian, la habría hecho por pedido del ministro). No contaron con la cerrada oposición de Rocca y Héctor Magnetto (CEO de Clarín) a ese «rendez vous». Hubo algún llamado a De Vido para explicar la negativa.

De esas comunicaciones surgió la reunión de la semana pasada, en la que Rocca habría dejado en claro que por ahora no tiene intenciones de romper ninguna alianza. El empresario, además, hará una de sus raras apariciones públicas el próximo martes, cuando hable en Propymes, el encuentro anual que organiza Techint con sus proveedores chicos y medianos.

En el café que compartieron Rocca, Betnaza y De Vido en el despacho del ministro, éste habló de la necesidad de que todos los sectores se sumen al pacto social. La conversación habría derivado al tema Hugo Moyano, que para sorpresa de muchos se convirtió en el principal escollo para el proyecto de la presidente Cristina de Kirchner.

En esa charla ya se esbozó la posibilidad de que el líder camionero, descontento por su situación judicial y por el vacío que le están haciendo en el PJ bonaerense, pateara la mesa aun antes de que nadie llegara a sentarse. Fue lo que sucedió a fines de la semana pasada.

La audiencia había sido pedida por Techint, además, porque Hugo Chávez aún no saldó la última cuota por la expropiación de Sidor, la acería que tenía el grupo en Venezuela. Dado que De Vido fue el gestor para que el régimen chavista se comprometiera a indemnizar a Techint, y Betnaza fue el encargado de gestionar el traspaso de esos activos de su grupo al estado venezolano, era esperable que el reclamo llegara a la oficina del ministro. Rocca le habría recordado que la deuda chavista asciende a u$s 285 millones, y que la mora ya es de más de un mes. De Vido se comprometió a «recordarle» al líder bolivariano de su obligación.

Finalmente, De Vido les habría pedido a los empresarios que transmitieran a sus colegas que había una nueva actitud del Gobierno; que se había abierto un tiempo de mayor concordia y búsqueda de acuerdos. La única excepción -tácita- es el grupo Clarín, les quedó claro a todos.

En tanto, los principales dirigentes empresariales ya ni siquiera aguardan que se los convoque a alguna reunión de cara al pacto social anunciado por Cristina de Kirchner. Lo que seguirá sucediendo son estas convocatorias puntuales -individuales o por sector- tendientes a tratar de frenar la avalancha de reclamos salariales que -intuyen el Gobierno y los empresarios- se producirá con el inicio del nuevo año.

Ya se firmó un acuerdo con el sector petrolero, en las próximas horas se hará lo propio con la minería y es un hecho que se está negociando con la COPAL -la poderosa cámara de la industria alimentaria- con el mismo fin.

La futilidad quedó rápidamente demostrada cuando YPF, la principal empresa petrolera del país, debió suspender sus actividades en Santa Cruz por un conflicto gremial desatado pocos días después de firmada la «paz social».

Y pese a que está golpeado y no atraviesa su mejor momento, pensar en acuerdos para controlar precios y salarios sin Moyano parece -al menos hoy- casi utópico.

Como dijo un alto dirigente empresario a este diario: «A Hugo lo conocemos bien; sabemos de tanto charlar con él, lo que está pensando antes de que empiece a hablar. Hoy lo vemos muy, pero muy enojado y con ganas de hacer ruido. Y eso es peligroso».

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