5 de enero 2009 - 00:00

Palavecino y el legado de Guarany

Palavecino y el legado de Guarany
Cuando se empieza a escuchar al Chaqueño Palavecino, sea en vivo o en un nuevo álbum, tiene la tentación de cuestionar ese enamoramiento por el grito que caracteriza su estilo. Lo mismo que pasa con Soledad, por ejemplo. O, claro, frente a Horacio Guarany, el maestro en este modo festivalero de interpretar el repertorio folklórico. Pero en ese modo expansivo, espectacular, vehemente, está precisamente el secreto del éxito, de la masividad, del cariño popular, tanto en el admirado y cuestionado cantautor santafesino como en sus herederos, y Palavecino es, sin dudas, el más conspicuo.
Guarany ha nombrado públicamente a Palavecino como su heredero; y lo ha hecho nada menos que en Jesús María. No resulta extraño, entonces, que se lo empiece a ubicar en ese lugar de sucesor, ni que el Chaqueño se haya decidido a hacer un disco íntegramente con obras de su venerable colega.
Aunque en los últimos años la calidad de sus composiciones fue disminuyendo, debe reconocerse en Guarany a uno de los mayores autores del folklore argentino. Y, aceptando ese estilo y algunas desafinaciones que se cuelan en la efusividad, con arreglos sencillos -con base de bandoneón, guitarra, bombo y violín-, mezclando clásicos eternos como «Pescador y guitarrrero», «Zambita de piel morena» o «Memoria de una vieja canción», con temas más modernos y menos conocidos, Palavecino cerró 2008 con un disco que gustará por igual a sus fans y a los de Guarany.
Ricardo Salton

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