Los crímenes de los momentos oscuros no se deben repetir nunca más: así de contundente fue el mensaje del papa Francisco contra los abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia en Estados Unidos. Deben comportarse con valor y no dejarse paralizar por el miedo, ordenó Jorge Bergoglio a decenas de obispos que lo escuchaban en la catedral Saint Matthews, de Washington. Entre 1950 y 1980 al menos 6.400 sacerdotes fueron acusados de pederastia en el país, y los expertos estiman que el número de víctimas podría rondar los 100.000. En un país donde la influencia del Vaticano se ha erosionado, Francisco intenta llevar una bocanada de aire fresco. (Ver pág. 19.)
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