La línea que divide lo político de lo económico suele ser demasiado delgada. ¿La suba del desempleo es un problema político o económico? ¿Se puede escindir la suma o la resta de aliados parlamentarios de la salud de la economía? Las variables se cruzan, dialogan y terminan por configurar un mapa único.
Milei, atrapado entre los datos y la política: cuando la planilla no alcanza
El Gobierno consiguió aire en el Senado, pero la caída del PBI y la suba del desempleo golpean el relato libertario. La obsesión por los indicadores choca con los números incómodos, mientras crecen las tensiones internas y se mueve la oposición.
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A Javier Milei no le cierran los números y se encierra en el excel.
Máxime cuando el Gobierno ató buena parte de su éxito político a que determinadas planillas cierren en verde. El proyecto de La Libertad Avanza es, ante todo, una serie de objetivos económicos. El mismísimo Presidente, que soslaya y delega la política, tardó en entender que muchas veces ambas cuestiones van de la mano.
Por lo pronto, si el ámbito de la política por excelencia es el Congreso, el Gobierno encontró esta semana un respiro con una doble victoria en el Senado: la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal II y la media sanción de la Ley de Biocombustibles, una iniciativa propia que eleva los cortes de biodiésel y bioetanol y recoge un viejo reclamo de las provincias.
Pero las planillas mostraron otra realidad. La caída del PBI en el segundo trimestre y la suba del desempleo encendieron luces de alarma y chocaron contra el empecinamiento presidencial por presentar las bondades del modelo a fuerza de estadísticas.
Milei suele repetir ante los propios, también en las reuniones de Gabinete, que todo marcha acorde al plan. Las supuestas tensiones económicas, sostiene, no sólo no existen sino que son amplificadas sin fundamento por los medios. En Casa Rosada incluso dedica largas explicaciones a sus funcionarios sobre cómo responderles a los periodistas. Una suerte de media coach presidencial que algunos ministros escuchan con sorpresa.
“Datos, respondan con datos”, es una de sus máximas. El problema aparece cuando los datos son malos y ni siquiera la interpretación más benévola alcanza para acomodarlos.
Cuando la planilla manda
Hay una vieja teoría de las ciencias sociales que acaso sirva para explicar parte del dilema. Es la ley de Campbell, formulada por el psicólogo estadounidense Donald Campbell: cuanto más se utiliza un indicador cuantitativo para tomar decisiones, mayor es la presión para distorsionarlo y más probable es que termine corrompiendo el proceso que pretendía medir.
Dicho de otro modo: cuando la gestión se ordena alrededor de una planilla, existe el riesgo de que la planilla termine sustituyendo a la realidad. No porque los números sean falsos, sino porque el cumplimiento de determinados indicadores puede convertirse en un objetivo en sí mismo y perder de vista aquello que originalmente buscaban representar.
Algo de eso atraviesa al Gobierno. Milei convirtió el equilibrio fiscal, la inflación, el riesgo país, las reservas y el crecimiento en parámetros centrales para evaluar su administración. La dificultad aparece cuando esos indicadores no avanzan en la misma dirección. O cuando detrás de una cifra positiva asoman otras que complican el cuadro.
El descenso del PBI se explica, principalmente, por la baja del consumo; baja que el propio Milei niega con posteos y reposteos de shoppings llenos, imágenes a las que en algún caso se les notaron las costuras de la inteligencia artificial. Lo propio hacen algunos de sus ministros, en busca del condescendiente retuit presidencial ante cada gesto de obsecuencia.
El desempleo, en tanto, volvió a niveles que obligan a remontarse hasta 2021, todavía en pandemia, para encontrar guarismos superiores al 7,9%. El dato se encadena con otro conocido una semana antes: la industria sufrió su peor caída en 16 meses. Todo lo mencionado son datos oficiales.
Así, la ley de Campbell empieza a sobrevolar la gestión libertaria. El Gobierno alardea de la creación de puestos de trabajo, aunque el desglose muestra el peso creciente de la informalidad frente al empleo asalariado registrado. El consumo “vuela”, pero parte de ese movimiento responde al gasto en tarifas y transporte, mientras otros rubros muestran retrocesos. El consumo de carne cayó más de 9% en agosto, por citar apenas un ejemplo.
La necesidad de exhibir resultados numéricos positivos termina por construir un sistema repleto de asteriscos, por momentos alejado de la realidad, que termina degradando el objetivo inicial.
Romper el termómetro
En el extremo, aparece incluso la tentación de romper el termómetro para justificar una temperatura que coincida con la retórica oficial.
Uno de los casos más claros fue la no implementación de la nueva fórmula del IPC, que habría arrojado una inflación algunos puntos más alta y que terminó con la salida de Marco Lavagna del INDEC en febrero.
Más cerca en el tiempo, las miradas se posaron sobre la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC). La bicameral que hace seguimiento del organismo modificó su reglamentación en la previa de la llegada del Presupuesto.
En agosto se conoció la renuncia de Gabriel Esterelles, quien estaba al frente de la OPC desde 2023. Fue nombrada en su lugar, hasta tanto se llame a concurso, María Eugenia David Du Mutel de Pierrepont, directora de Estudios, Análisis y Evaluación y la integrante de mayor antigüedad de la conducción del organismo.
La OPC gozaba de una legitimidad que atravesaba las grietas políticas, pero cometió un pecado para el oficialismo hace algo más de un año: cuantificó el costo fiscal de proyectos opositores que, según LLA, amenazaban con dinamitar las cuentas públicas, como los referidos a discapacidad o financiamiento universitario. Sus estimaciones quedaron por debajo de las cifras utilizadas por el Gobierno.
En el Presupuesto 2027 que ingresó esta semana a Diputados, discapacidad y universidades volvieron a perder en el reparto de recursos.
Provincias y poder
Los números también atraviesan la relación con los gobernadores, que fueron ganadores de la Ley de Biocombustibles. Por caso, estuvo en el Senado el salteño Gustavo Sáenz, un aliado que se despegó del PJ y que busca arrimarse al fogón violeta.
Luego, varios mandatarios se acercaron a la Rosada para conversar sobre el Presupuesto. La llamada “ley de leyes” contempla una suba de la coparticipación y una caída de los ATN. Pero mientras los ATN —transferencias no automáticas— dependen de la voluntad del Gobierno, la coparticipación está sujeta a la recaudación, que este año viene a la baja. Otro dato oficial que no le queda cómodo a Milei.
En el plano político, además, preocupa a los mandatarios que cada vez más libertarios se lancen a la aventura de disputarles el pago chico, con o sin aval de Karina Milei.
Y en la interna sigue el petardeo. Patricia Bullrich se enojó por no haber sido advertida de otro ajuste en discapacidad y se quejó en redes con un posteo que incluyó una canción de Lali. Los amagues separatistas de la senadora, con poder de daño sobre el oficialismo, obligaron a Milei a otra pirueta: no sólo adoptó un discurso nacionalista, ajeno a su ADN, sino que también reconoció que le gustan canciones de la tantas veces denostada artista pop.
No hay margen para seguir cayendo. Mientras tanto, la senadora no oculta su juego: “Yo juego al TEG”, dijo, en referencia a la novela de una posible ruptura con los hermanos Milei.
Otro síntoma de la interna fue la letra que Santiago Caputo les bajó a ciertos periodistas para difundir, ya divulgada la noticia por Ámbito, algunos pormenores de Olivos y el desembarco de Casa Militar.
Milei sostiene la decisión de realizar cambios en la seguridad y los menesteres de la Quinta de Olivos, una primicia exclusiva de Ámbito luego confirmada por los canales oficiales. El Presidente está convencido de que existían filtraciones del personal civil hacia determinados periodistas y de allí surgió el pedido de darle facultades totales a Casa Militar. El argumento oficial fue que las modificaciones respondieron a la visita de León XIV, unas líneas en un comunicado para salir del paso.
Quienes conocen esa dinámica no dudan en señalar que Caputo buscó raspar a Karina Milei, quien con ese movimiento de fichas perdió control de Olivos, ya que el personal civil desplazado respondía a su mando.
Por supuesto, el desgaste del Gobierno y los indicadores a la baja también son leídos en el PJ. Este sábado hubo actos simultáneos del Frente Renovador de Sergio Massa y del Movimiento Derecho al Futuro de Axel Kicillof. Ambos ya se muestran como potenciales aspirantes a la sucesión de Milei, lo que inevitablemente decantará en una interna, ya sea abierta o cerrada, según la suerte que corra la reforma política del oficialismo.
La necesidad de ampliar hacia un frente anti-Milei del que también forme parte el cordobesismo de Juan Schiaretti y Martín Llaryora no escapó al reunionismo de la semana. Luego de que Massa se mostrara cerca de ese espacio en los homenajes a José Manuel de la Sota en el Savoy de Buenos Aires, días después Kicillof hizo lo propio con el intendente de Córdoba capital, Daniel Passerini, clave en ese armado.
Asimismo, Sergio Uñac ratificó su candidatura con una columna de opinión publicada en este medio, donde reclamó “una oportunidad para el interior”. Una forma de conectar con los peronismos provinciales, que dicen estar cansados de la interna del AMBA.
La paradoja para Milei es que hizo de los números su principal herramienta para explicar la realidad. Mientras lo acompañaron, también fueron su mejor argumento político. Ahora algunos empezaron a moverse en sentido contrario. Se puede discutir el termómetro. Más difícil es discutir la temperatura.
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