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Para entender cómo ocurrió el escándalo (1ª parte)
La dirección de Petrobras fue profesionalizada durante el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso, cuando la mayor parte de sus cuadros directivos eran funcionarios de carrera o profesionales respetados del sector privado, estando sujetas sus contrataciones, por su carácter de empresa pública de capital abierto, a la ley de licitaciones públicas. Al inicio del Gobierno Lula se modificó dicho requisito con el objetivo de agilizar el proceso de suministros y adecuar su gerencia a las características de una empresa petrolera de gran porte. Esta medida, que tenía sentido desde el punto de vista gerencial, facilitó la existencia de maniobras tendientes a generar cajas negras y fuentes de financiamiento espurias a partidos políticos.
Los primeros indicios de estos hechos aparecieron cuando en 2005 surgió el denominado escándalo del Mensalao, que no era más que la compra de votos para la aprobación de leyes ante la negativa inicial de Lula de aliarse a algunos partidos y que provocó la renuncia del hombre fuerte del PT, el jefe de Gabinete, José Dirceu, y varias de las principales figuras del partido. Este escándalo derivó en la condena a prisión de buena parte de los políticos involucrados así como de los operadores económicos, con una particularidad que será central para el desarrollo del caso Petrobras: los políticos involucrados recibieron penas de prisión sensiblemente menores que las de los privados (dueños de agencias de publicidad, banqueros, etc.), a tal punto que todos los políticos que fueron condenados se encuentran hoy en libertad condicional, prisión domiciliaria o con penas que les permiten trabajar durante el día y volver a dormir a la prisión, lo que produzco un efecto demostración muy significativo sobre los sectores empresarios.
A principios de la década de 2000, Petrobras era una empresa que tenía una alta consideración internacional con relación a la capacidad de sus gerentes y sus perspectivas dada la significativa experiencia en explotación petrolera off shore, donde se encontraban las principales reservas petrolíferas brasileñas. En 2004 comienzan a anunciarse los primeros descubrimientos de petróleo off shore en nivel de pre-sal, o sea, a aproximadamente 5.000 m bajo el nivel del mar. La magnitud de las reservas descubiertas implicaban que Brasil tenía el potencial de convertirse en uno de los grandes jugadores mundiales en el mercado de petróleo en el mediano/largo plazo con el atributo, no menor desde el punto de vista geopolítico, de ser un país democrático, con instituciones estables y dentro de la esfera de influencia de las grandes potencias occidentales. Todo esto en un contexto de un ciclo económico de fuerte valorización de los precios de las materias primas como subproducto del surgimiento de China como nueva potencia económica.
Los desafíos tecnológicos de este tipo de explotación eran y son inmensos desde todo punto de vista, con requerimientos de capital absolutamente descomunales. El Gobierno de Lula tomó la decisión estratégica de aprovechar esta oportunidad para desarrollar una segmento de industria nacional destinado crear una base de alta tecnología que pudiese ser exportada a todo el mundo. Ello incluía, entre otras cosas, la recreación de una industria naval con capacidad para fabricar plataformas petroleras en gran escala, fabricación de sondas de ultra alta profundidad, desarrollo de nuevos materiales, software de gerenciamiento, etc., incluyendo, porque no mencionarlo un programa de reequipamiento de defensa con el objetivo de protección de estos recursos naturales. Algunos de estos insumos existían en el exterior y otros debían ser desarrollados en un periodo de 10 a 15 años.
Aun asumiendo mayores costos por productos nacionales, dado que el Estado brasileño tiene mayoría accionaria en Petrobras, fueron creados programas estratégicos de desarrollo local de proveedores y tecnologías. El programa de inversiones de Petrobras para el desarrollo del Pre-sal implica inversiones superiores a U$S 500.000 millones a lo largo de 15 años y tenía incorporados algunos presupuestos de precios de petróleo que viabilizarían el proyecto (y que hoy se encuentran severamente cuestionados por el contexto mundial). En forma adicional hay que recordar que Petrobras es una empresa petrolífera global con operaciones en varios lugares del mundo incluyendo Argentina. Como parte de este rol global fueron comprados a mediados de la década pasada dos refinerías, una en Pasadena, Texas y otra en Okinawa, Japón que están también llamadas a ser parte de esta historia.
También en el inicio del gobierno de Lula se tomó la decisión de construir una nueva refinería, apta para procesar petróleos pesados venezolanos en el Nordeste de Brasil, que fue concebida inicialmente como un joint venture entre PDVSA y Petrobras, en la cual la firma venezolana acabo nunca invirtiendo un centavo. El valor inicial estimado para su construcción era de aproximadamente U$S 2.000 millones. Los valores actualizados superan los U$S 20.000 millones. Este incremento de costos será también parte de esta historia.
Con el objetivo de capitalizar parcialmente a la empresa, se cambió la ley sobre uso del suelo y de los recursos petroleros de forma tal que el Estado aporto los campos de pre-sal al negocio a cambio de acciones en un precio y condiciones que fueron severamente criticados por el mercado financiero y los accionistas privados ocasionando la primera caída significativa en el valor de mercado de la empresa. Un tema a considerar en este análisis es que el petróleo producido en Brasil es pesado, no siendo el ideal para el refino para combustibles, lo que hace que aunque Brasil sea hoy un exportador neto de petróleo es un importador de derivados. A partir de principios de 2011 y como consecuencia de la devaluación del Real y el aumento en el precio del petróleo, el gobierno no permitió aumento en el precio de los combustibles como argumento anti-inflacionario, provocando una fuerte disminución en las ganancias de Petrobras en un momento en que se requerían una sólida situación de caja para hacer frente al gran volumen de inversiones comprometidas. Este contexto de fuertes demandas de inversión, creo entre los partidos que hacen parte de la coalición de gobierno un apetito por obtener cargos en diversas áreas de la empresa y, efectivamente, los diversos directorios de Petrobras fueron entregados a funcionarios de carrera de la firma que respondían a los diversos partidos de la coalición de gobierno.


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