20 de abril 2012 - 00:00

París y Berlín proponen terminar con la libre circulación en Europa

París - Consecuencia de lo que consideran «una imparable» ola de inmigrantes, Francia y Alemania propusieron ayer modificar el tratado de Schengen, que permite entre varias naciones europeas la libre circulación de las personas, y otorgar a cada país la facultad de controlar las fronteras de forma provisional cuando así lo requiera.

Los ministros del Interior de Francia, Claude Guéant, y de Alemania, Hans Peter Friedrich, señalaron en una carta que los controles fronterizos internos tendrían un carácter temporal, pero insisten en que la decisión de aplicarlos debe corresponder a cada país, no a la Comisión Europea (CE), y que ése es «un punto no negociable».

«La prevención de las amenazas a la seguridad y al orden público corresponde a la soberanía nacional», subrayaron los dos ministros en una carta enviada a la Presidencia de la Unión Europea, en estos momentos a cargo de Dinamarca.

Desde que Rumania y Bulgaria ingresaron a la Unión Europea en 2004, se activó un incesante flujo migratorio de la comunidad rom, al que Gobiernos como el de Sarkozy le achacaron el aumento de la delincuencia común y los asesinatos. En los últimos años, los casos de xenofobia y discriminación contra estas personas ha ido en aumento, al punto de que en países como Italia, la población local llegó a prender fuego sus asentamientos.

A su vez, la «Primavera árabe» en Medio Oriente generó la huida de miles de personas hacia el continente. Los países receptores afirman no dar abasto para responder a la demanda y a diario llevan a cabo deportaciones hacia las tierras de origen.

El mecanismo que Alemania y Francia proponen es para hacer frente «a la eventualidad de que un Estado miembro no pudiera respetar sus obligaciones» sobre el tratado de Schengen, y aluden en concreto a los problemas para luchar contra la inmigración irregular «en las fronteras del sur y del este de la UE».

El titular francés de Exteriores, Alain Juppé, fue más explícito y se refirió al caso de la frontera entre Grecia y Turquía, el mismo al que ya había aludido Sarkozy a principios de mes, que habló de «colador» para inmigrantes.

De acuerdo con el esquema franco-alemán de reforma de Schengen, en una primera fase, la Comisión Europea se encargaría de la «detección precoz» de un flujo de inmigrantes ilegales y de coordinación de medidas de apoyo al país por el que estuvieran entrando.

En el caso de que esas medidas «no bastaren para mejorar la situación del Estado en dificultades o si el funcionamiento del espacio Schengen se ve comprometido», los otros países podrían restablecer controles en sus propias fronteras durante un período no superior a 30 días.

Al fin de ese tiempo, el Ejecutivo comunitario haría una recomendación sobre la continuidad o no de los controles internos, pero la decisión correspondería al Consejo Europeo.

Los ministros de Interior de Francia y Alemania, que prevén detallar estas posiciones al resto de sus socios europeos en la próxima reunión del Consejo, insisten en que «preservan el equilibrio institucional y la eficacia del proceso de decisión en el plano europeo» y contribuyen a «luchar más eficazmente contra la inmigración ilegal».

Este comunicado llegó un día después de que Suiza anunciara que a partir del 1 de mayo limitará la estancia en el país de los ciudadanos de ocho países de la Unión Europea: Estonia, Lituania, Letonia, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia y la República Checa.

Agencias EFE y DPA

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