Se enardeció ayer la oposición de la Legislatura porteña cuando el oficialismo del Pro se negó a dar los votos necesarios para aprobar una declaración de «beneplácito» por la nueva ley de identidad de género que votó el Congreso nacional el miércoles. Desde que se inició el actual período de sesiones, los diputados porteños han eludido el tratamiento de proyectos importantes y las sesiones se desangran con proyectos testimoniales. Ayer se quejaba la bancada kirchnerista por el rechazo a la declaración y trataban de sacarle jugo a la contradicción de que los diputados nacionales del PRO votaron en favor de la identidad de género, como si fuera una cuestión trascendental.
La semana pasada, el PRO apoyó una declaración de beneplácito de la Legislatura porteña por la estatización de las acciones de Repsol en YPF, cuando los diputados del partido de Mauricio Macri la habían rechazado en el Congreso nacional. En ese momento la oposición local hizo bromas por esa contradicción, de nuevo como si se tratase de un asunto importante.
¿La consecuencia? Ninguna para estos dos casos de parlamentarismo decorativo, salvo el lamento de la diputada María Rachid por la caída del proyecto: «Da mucha tristeza». Claro que da mucha tristeza.
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