12 de agosto 2010 - 00:00

Perturba un triángulo al mórbido estilo Egoyan

Julianne Moore (la verdadera protagonista) y Amanda Seyfried en «Chloe», film de Atom Egoyan con algo del «Teorema» de Pasolini, pero sin misticismo.
Julianne Moore (la verdadera protagonista) y Amanda Seyfried en «Chloe», film de Atom Egoyan con algo del «Teorema» de Pasolini, pero sin misticismo.
«Chloe» (Can.-EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: A. Egoyan. Guión: E.C. Wilson. Int.: J. Moore, A. Seyfried, L. Neeson, M. Theriot, R.H. Thompson, N.Dobrev, T. Knight.  

¿Cómo decirlo? Esta es una película de Atom Egoyan para un público más amplio de lo habitual. Sus seguidores van a lamentar algunas agachadas comerciales, pero el hombre igual mantiene su estilo, mórbido, morboso, misterioso. Y sus obsesiones: el voyeurismo, las distintas formas de la mentira, el uso relativamente inconsciente de las personas, el ambiguo límite entre lo que uno supone y lo que en verdad ocurre, las mujeres jóvenes que sufren y a la vez manejan la atracción que producen sus cuerpos, la sensación de angustia o de vacío espiritual de alguna gente que parece tenerlo todo para estar bien.

Para el caso, el autor desarrolla la experiencia de una ginecóloga en crisis de mediana edad que contrata a una escort jovencita para que el marido pique, y así poner a prueba su fidelidad, ya que el hombre, profesor de historia de la música o algo así, es demasiado atento con las alumnas, las camareras, y otras criaturas semejantes. La mujer también tiene problemas con su hijo adolescente, un chico talentoso pero bastante desagradecido y hasta agresivo con ella. Y el chico tiene problemas con su novia. En fin, la cuestión es que la escort jovencita arrasa con todo, como el angelito de «Teorema» de Pasolini pero sin misticismo a la vista, más bien con el erotismo de la vocecita suave y la lencería fina. O quizá no arrase, sino que despierte eso que cada miembro de la familia lleva adentro, o, pobrecita, necesita que la quieran y no sólo que la tomen de objeto sexual. O quizá sea todo simbólico, porque de algún modo la muchacha refleja los propios fantasmas de la dueña de casa. Hay una gran cantidad de espejos, de aberturas de vidrio que también reflejan cuerpos y rostros, aparte de dejar ver a través de ellas (esa arquitectura propia de Toronto, donde ocurre la historia), y también hay relatos dentro del relato, y planos sugestivos, que muestran y no muestran. Y hay un final medio berreta, esa es la verdad.

«Chloe» se inspira en «Nathalie», de Anne Fontaine, que es más entretenida, más sanguínea. Egoyan es siempre un tanto frio, cerebral, y sus personajes siempre parecen recitar en voz baja. Pero tiene la capacidad de perturbarnos, como bien se aprecia en sus mejores obras, «Un dulce porvenir», «El viaje de Felicia», «Ararat», y, para los voyeurs, «Exótica». Aquí puede apreciarse debidamente a Julianne Moore, real protagonista, y Amanda Seyfried, buenas actrices, que quedan algo desacreditadas por una escenita porno soft. Dato al margen, ésta es la película que Liam Neeson estaba filmando cuando murió su esposa, la actriz Natasha Richardson. El hombre viajó al funeral, guardó breve duelo, y volvió al set. Quién sabe qué pasaba por su cabeza, mientras debía interpretar al marido de una mujer que se siente medio abandonada.

P.S.

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