13 de agosto 2009 - 00:00

Pesadilla que asusta y hace reír en simultáneo

Alison Lohman es la víctima de las torturas ideadas por un San Raimi que se tomó un respiro de «El hombre araña» para volver al terror humorístico de sus orígenes con «Arrástrame al infierno».
Alison Lohman es la víctima de las torturas ideadas por un San Raimi que se tomó un respiro de «El hombre araña» para volver al terror humorístico de sus orígenes con «Arrástrame al infierno».
«Arrástrame al infierno» (Drag me to hell, EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: S. Raimi. Int.: A. Lohman, J. Long, L. Raver, J. Lucas, D.Paymer, D. Rao. 

Luego de pasarse casi toda la última década filmando la saga de «El hombre araña», Sam Raimi se tomó un recreo para volver a sus orígenes. «Arrástrame al infierno» es una vertiginosa película de terror con todo el delirio visual y el humor negro al mejor estilo del Raimi de la trilogía de «The Evil Dead» (es decir, «Diabólico, «Noche Alucinante» y «El Ejército de las Tinieblas»), sólo que aplicando su pesadillesco surrealismo a ambientes cotidianos pefectamente comunes y corrientes.

Tan comunes y corrientes como la protagonista que interpreta Alison Lohman, una chica sencilla que trabaja en un banco, y sólo sueña con lograr un ascenso y poder casarse con su novio. Lamentablemente no encuentra mejor manera de hacer méritos para

conseguir un mejor puesto en su trabajo que negarle a una anciana una prórroga de la hipoteca de su casa, a punto de ser ejecutada. La mujer, una desagradable vieja gitana, suplica por su casa de toda la vida y, ante la injusta negativa, hace un escándalo, se pone violenta y termina clamando venganza y lanzando un oscuro conjuro.

Así es como la diáfana y tranquila vida de la empleada de banco se transforma en una pesadilla llena de sombras que parecen acecharla, moscas que se le meten por la boca y los orificios nasales mientras duerme y alucinaciones horribles que pueden arruinar la mejor cena con sus futuros suegros. Tantas malas vibraciones la llevan a consultar un vidente que le informa la horrible noticia: la gitana le ha mandado un demonio que en tres días vendrá a buscarla para llevársela al infierno.

La trama tiene ecos de un clásico semi olvidado de Jacques Tourneur, «La noche del demonio» («Night of the Demon»), y de «Maleficio», una novela que Stephen King escribió con su seudónimo Richard Bachman. La diferencia es que el argumento está armado por el propio Raimi -junto a su hermano Ivan Raimi- para adaptarse a su particular estilo de pesadilla jocosa que, en sus climax, logra ese raro doble efecto de hacer reír y aterrorizar al espectador en forma simultánea. En este sentido, se le recomienda al público ahorrarse el pochoclo para no atragantarse, ya que los shocks permanentes están diseñados para hacerlo saltar de su butaca en el momento menos pensado.

«Arrástrame al infierno» es una de esas montaña rusas cinematograficas como las que hace dos décadas convirtieron a Raimi en un director de culto, que del cine de bajo presupuesto logró avanzar hacia alguna de las megaproducciones más costosas de todos los tiempos.Y ahora también incluye un bienvenido elemento de sátira social surgido del encuentro entre esa oscura fuerza sobrenatural y el contexto realista, oficinesco y de entrecasa, de la sufrida protagonista (Alison Lohman es una víctima perfecta para las torturas ideadas por el director).

Todos los rubros técnicos, empezando por los efectos especiales, son de primer nivel, y además de la excelente música de Christopher Young, la película incluye un bonus largamente esperado por los fans del género: nada menos que la sinfonía de «El Exorcista» encargada a Lalo Schifrin para aquel film, pero desechada en su momento por el director William Friedkin, que acá puede escucharse durante los créditos del final.

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