13 de abril 2015 - 00:00

Pese a todo, la fiesta continúa

Milagro en Wall Street. Todo mal y las acciones, en la semana, treparon el 2%. En el último informe laboral, la economía reveló un atasco más profundo que lo pensado, pero la Fed - a través de voceros como Bill Dudley y Jeff Lacker- ratificó que la suba de tasas de interés sigue al tope de la agenda de la reunión de junio. En paralelo, se estrenó la temporada de balances. Alcoa decepcionó, y la ronda de exámenes comenzó así con el pie izquierdo. ¿Importa? El índice S&P 500 trepó el 1,7% y el NASDAQ, el 2,2%. El Dow Jones regresó a su bastión por encima de los 18 mil puntos. Los máximos de todos los tiempos están de nuevo a un puño de distancia: el S&P 500 necesitaría avanzar apenas el 0,7% para igualar su mejor marca. Muchísimo más lejos, por cierto, yace la posibilidad de retomar el crecimiento de las ganancias por acción. Nadie prevé que ocurra antes del tercer trimestre. Y ello si cesan los shocks adversos.

El mundo es una fiesta (¿o no?). La capitalización de las Bolsas internacionales, medida en dólares, creció el 9% en lo que va de 2015. En el mundo de las tasas cero, se diría una fiesta inolvidable. Está claro: la música no suena igual en todas partes. Wall Street apenas si participa. El S&P 500 avanzó el 2,1%. Y la regla fue un incómodo serrucho que nadie festeja. No se explica de otra manera que las últimas cinco ruedas respondan por el 80% de la suba acumulada, cuando se clavaron máximos absolutos en febrero y marzo. Las trompetas sí suenan festivas en Asia y Europa. Allí se celebran dos importantes fiestas de 15. Las acciones de la eurozona (el EuroStoxx 300) quebraron el viernes un récord de 15 años. Y lo mismo aconteció en Tokio. El Nikkei volvió a cruzar el umbral de los 20 mil puntos por primera vez desde 2000, y si bien no pudo sostenerse, abrochó su mejor cierre en década y media. La Bolsa de Hong Kong, por su parte, azuzada por el frenesí de los inversores de la China continental, anotó un récord de 7 años. Y lo que impulsa a los chinos es el arbitraje con los valores de Shanghai, que también alcanzaron máximos de 7 años. La conexión Shanghai-Hong Kong es hoy una locomotora potente (quizás, si se observan las valuaciones, peligrosamente potente).

Es curioso que la capitalización global crezca el 9% en dólares, con ínfima contribución de Wall Street, y cuando el dólar se apreció con fuerza notable este año contra todas las divisas. ¿Se podrá extender el festival por más tiempo -digamos, el año completo- si Wall Street no participa? Seguro. De hecho, que Wall Street no suba no significa que no participe. Los fondos comunes locales han hecho fuertes apuestas fuera de los EE.UU. Son parte del flujo de dinero fresco que fogonea el avance internacional. La situación se complicaría -y hasta podría revertirse- si Wall Street sufriera un traspié severo. La Fed y la suba de tasas, por caso, podrían golpear más duro al resto del mundo que a la Bolsa de Nueva York, y obligar a suspender el jolgorio. Y Wall Street está expuesta también al tropiezo por causas ajenas a la Fed; digamos por una pésima temporada de balances como la que acaba de comenzar con esquiva fortuna. Por eso, importa el milagro que consignamos al principio. El dólar fuerte, el shock petrolero, y el bache de la economía han mordido la rentabilidad corporativa y no será fácil restañar la herida con rapidez. Y el inversor no siempre es un dechado de paciencia. Hablábamos en una columna anterior de la necesidad de que las empresas pudieran sacar una carta adicional de la manga, que calmara a las fieras en una coyuntura proclive a la complicación. Y esta semana las compañías han extraído no una sino dos. La petrolera angloholandesa Shell con la compra del grupo BG por 70 mil millones de dólares reflotó la veta de las fusiones y adquisiciones, y encendió la codicia (amén de apuntalar el castigado sector de la energía). El viernes, el conglomerado GE anunció otra iniciativa audaz: la decisión de restructurarse, desligarse de la actividad financiera y lanzar una recompra de acciones por 50 mil millones de dólares. Es otra vía promisoria. Ambas decisiones sugieren que hay "valor" por encima de las actuales cotizaciones. El efecto "quién sigue" consolidó el milagro de Wall Street. Y no podía haber irrumpido en momento más oportuno.

(*) Economista

Dejá tu comentario