9 de enero 2009 - 00:00

Picasso y Maestros: el juego de las diferencias

«David et Bethsabée» de Picasso (derecha) y el cuadro de Lucas Cranach, el Viejo, que inspiró una de las variaciones pictóricas que reúne «Picasso y los Maestros», acontecimiento al que se vuelca todo París.
«David et Bethsabée» de Picasso (derecha) y el cuadro de Lucas Cranach, el Viejo, que inspiró una de las variaciones pictóricas que reúne «Picasso y los Maestros», acontecimiento al que se vuelca todo París.
«Picasso y los Maestros», tres muestras simultáneas en el Louvre, el Orsay y el Grand Palais, en este último diez salas temáticas que reúnen 200 obras, constituye un acontecimiento histórico al que se vuelca todo París. Tanto es así, que como adelantó este diario, los tres museos están pidiendo ahora compartir las millonarias ganancias obtenidas con las ventas de entradas.
Según las curadoras Anne Baldassari, Directora del Museo Picasso de París y Laure Bernadac, conservadora en jefe del Museo del Louvre, no se montó esta exposición para trazar una suerte de inventario de todo lo que el artista vio sino que la intención es despejarse del recorrido de las influencias de los grandes maestros. Son abordajes sutiles, correspondencias, afinidades, contrapuntos en términos de estilos, temas, formas.
Otro de los objetivos es mostrar todo lo que atraviesa la obra de Picasso, desde la tradición a la vanguardia. y también el peso de la tesis esgrimida por Clement Greenberg (teórico de la abstracción norteamericana) que sostenía que «después de 'Guernica' no había hecho nada interesante». De allí la incomprensión acerca de las famosas «variaciones» de los 50, en los que todavía no se hablaba del posmodernismo y que, paradójicamente, sus elementos hoy permiten hacer una relectura de su obra.
Durante toda su vida, Picasso tomó los temas universales de la gran pintura: el hombre, la mujer, la pareja, el desnudo. Pero no se trata de apropiaciones o pastiches, es decir, imitaciones. También se dedica a tratar a fondo las obras de los grandes maestros: Goya, El Greco, Delacroix, Manet, Velázquez, Poussin, Tiziano, por sólo nombrar algunos. Hacia los 50 hay motivos personales, históricos, estéticos, ligados al ambiente de la época. Es en los 40 cuando comienza a dibujar «Les Femmes d' Alger» según Delacroix, un retrato de El Greco, «Les Demoiselles du bord de la Seine» según Courbet, su homenaje a Oriente con «Odalisques», muy ligado a la muerte de Matisse, las mujeres de su vida pero también se opina que era una manera de resistencia ante la abstracción dominante tanto en Francia como en Estados Unidos.
La serie de «Les Femmmes d' Alger» es la primera de sus variaciones pictóricas realizadas entre 1954 y 1955 alrededor de los grandes maestros. Pintó quince óleos así como gran número de dibujos y grabados que le permiten retomar el tema de la mujer expuesta a la mirada de un «voyeur», leit motiv de su obra desde «Demoiselles d´Avignon» de 1907 hasta «L'ártiste et son modèle» de los últimos años.
El conjunto de obras inspiradas por «Le Déjeuner sur l´herbe» de Manet comprende 26 óleos sobre tela sin contar los cientos de dibujos, maquetas, litografías que desarrolla entre 1959 y 1962.
La litografía que acompaña esta nota, «David et Bethsabée» (1949) está inspirada en Lucas Cranach, el Viejo, un gran artista del Renacimiento alemán, «las mujeres de sonrisas venenosas, las tentaciones vestidas de gasas transparentes, un episodio bíblico acerca del doble tema de la mirada del deseo y del engaño femenino, un diálogo mudo de los personajes». Picasso rompe este esquema, desviste a Bethsabée, las mujeres muestran sus redondeces, los personajes están presos en una red de grafismos. El Rey David con la lira, desde lo alto del palacio escruta con ojos golosos el baño de la mujer. Cabezas desproporcionadas, grandes sombreros, el cuadro está atravesado por la ironía y el humor.
Picasso no pintaba estas obras delante de las originales, sólo por fotografías y reproducciones, las iba a ver al Grand Palais, al Louvre, al Prado, entre otros museos.
Otro de los objetivos de esta fascinante exposición es provocar el análisis acerca de qué es la misma cosa y en qué se diferencia, a la manera del juego de los errores. Picasso se apropió de estas obras, las invadió para revivirlas, actualizarlas, reinterpretarlas, desfigurarlas. Sin duda se pondría feliz al verlas en un diálogo con los artistas que compartieron su concepción acerca de la pintura.
Hasta el 5 de febrero.

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