8 de marzo 2011 - 00:00

Pinamar: un fuerte film español sacudió al público

Metáfora de la Guerra Civil y el franquismo, «Balada triste de trompeta» fue definida por su director como «una película bruta».
Metáfora de la Guerra Civil y el franquismo, «Balada triste de trompeta» fue definida por su director como «una película bruta».
Pinamar - Impactante, esperpéntica, exagerada, atroz, magnífica, cruel metáfora de la España más cruel, «Balada triste de trompeta» se presentó el domingo en Pinamar, ante una sala repleta, y no dejó a nadie indiferente. Se la ve con asombro, y se sale del cine perseguido por sus imágenes con salvajadas de la Guerra Civil, burlas, humillaciones, escarnios, venganzas, autolesiones, la pelea de dos payasos por el amor de la trapecista sadomasoquista una noche en el Valle de los Caídos, el atentado al almirante Carrero Blanco (tal como dice la película, el auto saltó 20 metros hasta el techo de un edificio y cayó en una azotea), y, en medio de todo eso, el «Corazón contento» de Palito Ortega.

Una lástima que no viniera de la Iglesia. «Es una película bruta», ha dicho en España, «porque soy muy infantil pero también tengo mucha rabia y mucho dolor dentro, fruto de lo que he vivido y he visto a mi alrededor. Y es que los españoles somos gente que no perdona, todo el mundo odia al que tiene cerca, nos cae mal que al vecino le vaya bien, envidiamos la felicidad ajena. Y luego, creo que somos bastante payasos. Payasos malos, de maldad». Eso sí, también son muy cordiales, como lo probó el posterior agasajo organizado por la Embajada de España.

Otras películas fuertes, pero mucho menos, y muy bien hechas, fueron las argentinas «Caño dorado» y «Aballay», premiadas en Mar del Plata, «Libano» (cuatro tanquistas israelíes en plena guerra del 82), «La verdad a cualquier precio» («Route Irish», problemas de conciencia de un ex soldado británico que se fue con un amigo a ganar plata en Irak), y, particularmente, «Aguas turbulentas», noruega. Un joven sale de prisión tras purgar condena por la muerte de un niño, consigue trabajo de organista en una iglesia, y allí es descubierto por la madre de su víctima. El relato se cuenta primero a través del joven, que se declara inocente, y luego desde la mirada de la madre, que empieza a desequilibrarse. En medio hay otro niño, y el mismo río donde la desgracia puede repetirse. Una obra que pone nervioso a cualquiera, y hace pensar.

Para espíritus más tranquilos, lo mejor hasta ahora ha sido el documental «Béjart: el esfuerzo y el ánimo», sobre el recordado coreógrafo, el clásico «Aparajito» en hermosa copia restaurada y con la música de Ravi Shankar en las mejores condiciones, y la función de homenaje a los 25 años de «La película del rey». «Pantalla Pinamar quería darla en fílmico, pero no había ninguna copia de 35 mm. en Argentina», contó su autor, Carlos Sorin. «Recordé que un productor francés tenía una, pero quebró (no por la película, claro) y no se supo más nada. Hasta que por fin apareció la que presentamos en Venecia en 1986, con subtítulos en italiano. La habían dejado en un depósito de la embajada argentina en Roma, y nadie lo sabía». Quién sabe cuántas otras películas nacionales estarán perdidas en los sótanos de las embajadas, y eso que en su momento Julio Márbiz logró que devolvieran unas cuantas.

Sorin aprovechó también para presentar un anticipo de su nueva película, «El gato desaparece», con Luis Luque y Beatriz Spelzini, que será distribuida por Buena Vista Internacional. «Me inspiré en un ingeniero totalmente normal y exitoso que, de repente, sin que nadie supiera el porqué, tuvo un fuerte brote sicótico. Al saberlo, me conmovió la fragilidad de nuestro sistema mental. En este caso, presento a un profesor que vuelve a casa tras una insperada intervención. Parece que recuperó la normalidad, pero ésta es una película sobre la inquietud, contada desde el punto de vista de la esposa. El espectador no deberá saber más de lo que ella sabe». El trailer refleja el estilo clásico del género. Pero una escena (la hija les presenta su novio a los padres) revela que también habrá cierta dosis de humor. Solo que es un humor inquietante.

La película está terminada, pero el coproductor sospecha que todavía habrá algunos cambios. «Ah, si», recuerda Sorin, «siempre puedo hacer cambios. En Venecia, el director de la muestra me dijo Signore Sorin, si le corta el final su película es León de Oro. Enseguida agarré las tijeras, pero Manuel Antín me contuvo: ¿Estás loco? ¡Esta es la película que pensabas hacer! Y bueno, saqué el León de Plata».

Niños

Párrafo aparte mereció una charla de Alejandro Malowicki, cabeza de Productores de Cine para la Infancia, sobre clínicas, concursos en marcha, el Observatorio de Apci con su link «La voz de la infancia», donde pueden verse cortos hechos por niños de todo el mundo, la próxima salida de un libro sobre cine infantil argentino, los videojuegos («acá hay creadores fuertes buscados por empresas norteamericanas para elaborar contenidos a su gusto»), y el entusiasmo que causa la Ley de Medios en varias productoras medianas y pequeñas.

«Ahora existe la obligación de emitir tres horas diarias de material infantil, de las cuales el 50% debe ser de producción nacional. Los canales de aire deberán comprarla, aunque más no sea para cumplir. Además, como la ley los obliga a participar en producciones, ya están en marcha 14 películas para niños», concluyó Malowicki.



* Enviado Especial

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