19 de enero 2010 - 12:36

Piñera: "La Argentina y Brasil serán las mayores prioridades"

«LAS DIFERENCIAS IDEOLÓGICAS NO SERÁN OBSTÁCULO», DIJO. CRISTINA DE KIRCHNER LO FELICITÓ E IRÁ A SU JURA

Sebastián Piñera, el presidente electo de Chile, dijo ayer durante una conferencia de prensa que pretende acelerar el proceso de integración física con la Argentina a partir de abrir más corredores bioceánicos y de hacer más eficientes los pasos fronterizos.
Sebastián Piñera, el presidente electo de Chile, dijo ayer durante una conferencia de prensa que pretende acelerar el proceso de integración física con la Argentina a partir de abrir más corredores bioceánicos y de hacer más eficientes los pasos fronterizos.
Santiago - La terraza Caupolicán del cerro Santa Lucía, en el centro de Santiago, fue escenario ayer por la tarde de definiciones importantes de Sebastián Piñera, y algunas de ellas se refirieron a la relación de su futuro Gobierno con la administración de Cristina de Kirchner. «Sin duda que hay diferencias, pero eso no va significar ningún obstáculo, al menos de nuestra parte, para seguir avanzando hacia una relación más plena y más fecunda», indicó el mandatario electo de Chile.

Loas para Lula da Silva, palabras amargas para Hugo Chávez y frases medidas para la presidente argentina marcaron el tono de la presentación de Piñera ante la prensa extranjera en la agradable tarde santiaguina.

Como hizo durante la campaña, al estilo de un tenista en la red, trató de devolver con volea la asociación entre su sector político y el pinochetismo, casi un monotema para el interés sobre la realidad de Chile en muchos países.

Debe decirse que, sea por convicción o por estrategia, Piñera no dejó pasar una desde un estrado montado en esta terraza con vista a la Alameda.

El presidente electo recibió el llamado de Cristina temprano por la mañana, en el que la mandataria argentina comprometió su asistencia al acto de asunción el próximo 11 de marzo, cuando los conservadores accederán al poder en Chile por vía democrática por primera vez en más de medio siglo, tras el histórico triunfo electoral del domingo sobre la gobernante Concertación de Eduardo Frei por el 51,6% de los votos frente al 48,4%.

«Me dijeron (Cristina y otros presidentes como Álvaro Uribe y Alan García) que lo que tenga que hacer lo haga en los primeros meses», dijo Piñera más tarde a la TV local sobre los consejos recibidos de sus futuros colegas.

«Tuve una muy interesante conversación con la presidenta Cristina (que lo había recibido a mediados de año en la Casa Rosada). Por supuesto que hay diferencias, pero no es aquí el momento» de hablar de ellas, señaló. En la versión del futuro ocupante de La Moneda, los temas abordados fueron «cómo fortalecer la integración económica, una mayor integración física y más corredores bioceánicos».

La Argentina y Brasil estarán «entre las primerísimas prioridades» de su gestión, aseguró.

Si en lo referido a nuestro país se preocupó por destacar que los «dos países comparten historia y futuro», sobre el Gobierno de Venezuela no hubo tales reparos.

«Yo tengo muchas diferencias con la forma en que se están manejando los temas públicos en Venezuela y quiero decirlo con mucha claridad», señaló.

Con un tono severo que arriesga una réplica inminente, dijo que las discrepancias «son profundas y tienen que ver con la forma en que se concibe y se practica la democracia, el modelo de desarrollo económico y mucho más». «Pero yo también creo en la autodeterminación y en la no intervención en asuntos de otros pueblos», aclaró.

Volvió a trazar ejes, y excluyó una vez más a la Argentina, como hizo en diciembre: «Yo puedo visualizar dos grandes caminos: uno es el que lideran países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y, tal vez, otros, y otro es el que lideran países como México, Brasil, Colombia, Perú y Chile».

Las dudas sobre la verdadera identidad de la derecha chilena iban y venían en las preguntas. Tras aclarar que no quiere «cortarle la cabeza a nadie ni restablecer a ningún rey en ningún trono» (por el origen de la clasificación ideológica que popularizó la Revolución Francesa), concedió: «En este eje de izquierdas y derechas en el cual yo creo muy poco, si me fuerza a definirme, me defino de centroderecha, porque la otra opción sería definirse de centroizquierda». Afirmó, no obstante, sentir «nexos de cercanía» por postulados socialdemócratas, y allí empezaron las alabanzas a Lula.

Otra consulta sobre los juicios por los crímenes de lesa humanidad: «Ninguna circunstancia, por grave o extraordinaria que sea, justifica jamás el atropello a los derechos humanos. Quienes hayan cometido el atropello a los derechos humanos tienen que asumir sus responsabilidades». Su propuesta de punto final, aclaró en la campaña, había sido para los crímenes menos atroces, no considerados de «lesa humanidad».

El presidente electo había iniciado el día desayunando en su domicilio de Las Condes con Michelle Bachelet. Las palabras cordiales volvieron a sonar en los micrófonos, como desde el mismo momento en que se conoció el resultado.

Horas más tarde, durante la conferencia, y mientras la Concertación se alborotaba, Piñera deslizaba las claves que contribuyeron a su victoria, al decir que el domingo finalizó en Chile «esa concepción de que tenía el centroizquierda de ser la única opción democrática, lo que fue desmentido democráticamente».

Y agregó: «Queremos mejorar en serio, sin hablar tanto, el acceso a la salud y la calidad de la educación, que lleva 20 años de estancamiento».

* Enviado Especial a Chile

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