Las pinturas de Lula Mari: deja que el río hable

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El mundo interior de la vegetación en el Tigre se manifiesta con un matiz de inquietante presencia.

Al entrar en la exposición de Lula Mari “El despertar de los insectos” se tiene la sensación de que, entre sus obras, se colaba la de Fermín Eguía, un gran artista argentino que le dio una vuelta de tuerca al paisaje tigrense convirtiéndolo en fantástico y amenazador. El texto de Renata Cervetto que acompaña la muestra menciona a Eguía, pero en Lula Mari no hay “peces gigantes que devoran embarcaciones ni grandes fuegos que ardan en los matorrales del Paraná”. En cambio sus obras, que también son inquietantes, exhiben una imagen más moderada y lo que inquieta no está tan a la vista.

El río está siempre presente, tiene que ver con su historia personal ya que su tatarabuelo llegó desde Niza y fue uno de los pioneros en instalar el servicio de lanchas de pasajeros en el Tigre. Pero también está presente el poeta Juan L. Ortiz “De pronto sentí el río en mí/corría en mí, me atravesaba un río, me atravesaba un río!” (“El ángel inclinado”, 1938). Hay lluvia, hay viento, hay fuego, hay animales-bichos, entre ellos tortugas que tienen diversos sentidos simbólicos y que inician una fantasiosa y lenta excursión hacia un montículo que podría ser una montaña, pero ya se sabe que en Tigre no hay montañas; hay una mesa con una lámpara y una planta contra una cortina de crochet, simple como eso, hay una luz conseguida a través de capas de pintura, los colores que a veces salen directamente del pomo, por ejemplo, los violetas.

Su técnica es extraordinaria, el manejo del óleo y la atmósfera que es capaz de crear, originada quizás en su admiración por los maestros del Renacimiento, un Rembrandt y sus objetos y mucho más adelante, la levedad de las botellas de un Morandi. Pero no todo queda en las paredes de la galería. Hay un diálogo con la artista que ha creado “recitales de pintura” que también podrían ser un registro de su tarea frente a la tela. La artista lee, por ejemplo, 17 de julio: “Esta semana empiezo un cuadro”, “a veces es casi urgente empezar”. “Iba al delta en la lancha, una rama caía sobre el agua” pues ahí está la pintura de la rama con un pico, como un ave que se abalanza sobre el agua. La artista se hace preguntas: ¿cuál es el origen de un cuadro?, hay tantos obstáculos hasta llegar a la tela, como señala John Berger que en “El cuaderno de Bento”, al pie de dos plumas escribe: “¿Cómo nace el impulso de dibujar?”

20 de julio: “Pienso en las tortugas, tengo una embalsamada, hago veinte al borde de un río, ¿cómo sube una tortuga a una montaña?”

23 de julio: “no me convence lo que pinté hoy, no le puedo pedir más a mi cuerpo ni a los pinceles, la pintura sacude”.

Durante este trágico período vivido, esta artista a quien le gusta la pintura y busca una pintura posible, ha encontrado la forma de establecer un diálogo consigo misma y también compartir sus vivencias, más allá de mostrar su quehacer en las paredes de una sala de exposiciones. Lula Mari (San Fernando, 1977), ha sido discípula de Alejandro Boim, le fueron otorgados el Segundo Premio Banco Provincia (2011) y la Mención de Honor Banco Provincia (2017), ha realizado muestras en Zavaleta Lab, Museo Sívori, Museo Castagnino (Rosario), y participó en la Bienal Paloma Alonso. (Gachi Prieto. Arte Contemporáneo Latinoamericano. Uriarte 1373).

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