26 de febrero 2010 - 00:00

Poco visible, la oposición no acierta un rumbo

La Habana - Casi 10 años después de que el Proyecto Varela lanzado por el disidente Oswaldo Payá acaparara la atención de la comunidad internacional, la cara de la oposición cubana se transforma.

La visita del mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, a tierras cubanas coincide con el segundo aniversario de la toma de poder del presidente Raúl Castro y la muerte del preso político Orlando Zapata Tamayo.

Y aunque tragedias como la suya unan puntualmente a los disidentes y a organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional -entre otras cosas, para pedirle al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que interceda por los derechos humanos en Cuba-, la oposición se encuentra poco homogénea.

«Está dividida y recibe muy poca atención, más allá de algunos grupos de derechos humanos o del exilio cubano en Miami», explica Ted Henken, profesor asociado de Sociología y presidente del programa de Estudios Negros e Hispanos del Baruch College en Nueva York.

Henken asegura que hay veteranos reconocidos que empezaron a librar su batalla durante la década del 80, entre ellos el propio Payá y el Movimiento Cristiano de Liberación; Vladimiro Roca Antúnez, del Partido Social Demócrata, y Elizardo Sánchez Santa-Cruz, de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN).

Otra voz muy potente que mantiene su fuerza es la de Martha Beatriz Roque, economista que fue encarcelada en el año 2003 y que tras su puesta en libertad fundó la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba, que dirige actualmente y engloba a 365 organizaciones no gubernamentales que trabajan con el fin de promover cambios en la isla. Pero, según Andy S. Gómez, canciller asistente de la Universidad de Miami y miembro docente del Instituto Brookings, «los seguidores de Martha Beatriz y Elizardo continúan en la lucha, pero no están bien organizados».

«No creo que hayan perdido su relevancia en el mundo de la oposición», opina Tomás Bilbao, director ejecutivo del Grupo de Estudios de Cuba (Cuba Study Group). «Aunque -dice Bilbao- se han concentrado en temas políticos cuando la población cubana está más interesada en los asuntos económicos o relativos a pequeñas libertades como puede ser la garantía de un acceso libre a internet».

En otra vertiente se encuentran los individuos y grupos involucrados en la disidencia cubana no por razones políticas, sino por cuestiones familiares. Es el caso de las Damas de Blanco, una organización que actualmente dirige Laura Pollán. El grupo se creó bajo la dirección de Miriam Leiva tras la llamada primavera negra de 2003, cuando fueron arrestados periodistas independientes, sindicalistas y opositores cubanos, entre ellos su esposo, Óscar Espinosa Chepe.

Las esposas, madres e hijos de estos prisioneros de conciencia piden solidaridad y exigen la liberación inmediata de sus familiares por medio de manifestaciones pacíficas.

Sin embargo, ninguno de los miembros de la oposición a Castro acaparó más focos internacionales que los blogueros, entre ellos Yoani Sánchez, y algunos grupos musicales como Omni Zona Franca, Porno para Ricardo y Los Aldeanos, que organizaron la marcha independiente contra la violencia convocada el pasado noviembre.

«Pertenecen a una generación joven de individuos que están enajenados del sistema y que buscan nuevas formas culturales para burlarse del mismo», indica Henken. «Su lenguaje es tangencial al diálogo típico pro-contra que existe en la isla».

Para Óscar Espinosa Chepe, el fenómeno forma parte del proceso de cambio en una generación que tiene otros enfoques distintos de los de sus progenitores: «Toda nuestra generación formó parte del sistema y fue estafada. Ellos no tienen ningún compromiso con el pasado y se dan cuenta de que este sistema es un obstáculo para ellos».

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