10 de junio 2011 - 00:00

Pons: “Un personaje siempre oculta facetas inexploradas”

Juan Pons: «A veces hay más preocupación por una escenografía o un efecto de luz que por cómo está el cantante. Yo me cansé de luchar contra esto».
Juan Pons: «A veces hay más preocupación por una escenografía o un efecto de luz que por cómo está el cantante. Yo me cansé de luchar contra esto».
Con el monumental «Trittico» de Giacomo Puccini, conjunción de tres óperas en la misma noche, continúa desde hoy la Temporada 2011 del Teatro Colón. Si bien la popularidad de cada una de sus partes («Il tabarro», «Suor Angelica» y «Gianni Schicchi») es tan grande que muchas veces se las brinda en forma independiente (solas o complementadas por otras óperas o ballets), su producción integral, tal como Puccini la concibió, resulta un proyecto ambicioso para cualquier institución.

La novedad de esta versión, cuya régie está en manos de Stefano Poda y que cuenta con la dirección musical de Richard Buckley, es que se alterará el orden al terminar con «Suor Angelica» y no con «Gianni Schicchi». Las demás funciones tendrán lugar mañana, el miércoles y el viernes a las 20.30, y el domingo 12 a las 17.

En los elencos internacional y local se destaca la presencia de Juan Pons, el experimentado barítono nacido en Menorca, cuya carrera es bien conocida por los operómanos del mundo. Pons había debutado en el Colón en 1993 con otro gran papel pucciniano, Scarpia («Tosca»), y en 1997 se presentó en una gala con la soprano June Anderson. Dialogamos con Pons a propósito de su regreso al Colón y de esta etapa de su carrera.

Periodista: ¿Qué tiene de especial el Colón para usted?

Juan Pons: Es una gran satisfacción volver a este teatro precioso. En los más de 40 años de carrera que llevo ningún teatro me ha impresionado como éste, de dimensiones tan grandes. Hay salas como el Metropolitan, que también impresionan, pero al ver un teatro clásico con estos 6 pisos, uno se pregunta «Seré capaz?» Le viene la duda enseguida!

P.: Usted encarnará al Michele de «Tabarro» y al protagonista de «Gianni Schicchi». ¿Resulta fácil asumir dos papeles tan distintos en la misma noche?

J. P.: No, no es fácil, pero es un gusto enorme. Uno se siente satisfecho de poder desconectarse de un problema grande, con celos, tristeza, amargura, y cambiar a la inteligencia de un hombre llano, de calle, que se burla de toda la aristocracia florentina, ver cómo con astucia consigue de un vistazo cambiar todo para su beneficio. Claro que sería mucho más relajado hacer sólo «Schicchi» o «Tabarro», pero me gusta hacer los dos y cada vez que me contratan para ambos estoy agradecido.

P.: ¿No resulta vocalmente cansador?

J. P.: ¡Mucho menos que hacer «Rigoletto»! «Tabarro» es fatigante por lo que implica a nivel de la palabra, de la música, del sentimiento, la orquestación es muy densa. La dificultad de «Gianni Schicchi» no está en lo vocal sino en darle la intención a cada frase, cuando se hace la voz de Buoso Donati, etcétera, o en los conjuntos, en los que cada uno tiene que expresar su parte con claridad. Pero si los que están arriba del escenario se divierten, el público se divierte.

P.: ¿Cómo fue evolucionando su interpretación de estos papeles a lo largo de su carrera?

J. P.: Nunca un personaje tiene que transformarse en una rutina, hay que buscarle cosas como si fuera la primera vez, hay que madurarlo. Si hay algo que no acepto en un cantante ni en nadie, es que diga «No, si esto yo lo hice 300 veces», pero aunque el público no lo perciba, siempre hay una inflexión nueva para darle.

P.: Usted ha actuado con muchos grandes, y algunos de ellos deben haber sido también sus amigos...

J. P.: Estoy muy orgulloso de haber podido compartir el trabajo con ellos, y de haber vivido otras épocas, en las que primaban los grandes cantantes, donde uno llegaba a un teatro y lo primero que había eran ensayos musicales. Ahora uno llega y está quince días ensayando escena, y muchas veces se van adquiriendo vicios. La ópera es música y voz: si además hay un montaje precioso, mucho mejor, pero a veces no es así, sino que hay más preocupación por una escenografía o un efecto de luz que por cómo está el cantante. Yo me cansé de luchar contra esto, así que quiero terminar mi carrera con amigos y colaborando, viéndole siempre la parte positiva a la cosa.

P.: ¿Repercute la crisis europea en el desarrollo de la ópera?

J. P.: Hay crisis en cuanto a los teatros, que están todos llorando porque los gobiernos recortan las subvenciones, pero si se evitara gastar en una cosa que puede ser prescindible... Con unas cortinas negras se puede hacer una buena producción de ópera, pero no sin cantantes y sin orquesta. Si el director de escena colabora, y hace cosas creíbles, con lógica y respeto a los demás, se beneficia el público. Y hay que apuntar a que el público esté contento, porque al cabo es él el que paga.

Entrevista de Margarita Pollini