"¿Qué hice? Si no hice nada", dijo Emilia Kamvisi, de 85 años, cuando supo que podría ser candidata al prestigioso galardón. Junto con dos amigas de 89 y 85 años, Emilia fue fotografiada el pasado otoño (boreal) mientras daba la mamadera a un pequeño sirio.
Cuatro meses después, según versiones que circularon por medios internacionales como el diario británico The Guardian, el suyo es uno de los nombres indicados para el Nobel para representar simbólicamente la valentía y la humanidad de los griegos en la ingente crisis de los refugiados.
Y es que, más que las islas en su globalidad, las que son oficialmente candidatas al premio son las asociaciones locales y ciudadanos individuales: la candidatura -firmada en primer lugar por el arquitecto cretense Alkimi Papadaki- fue titulada "Premio Nobel por la Paz para los isleños griegos".
Además de Emilia, figura Stratis Valiamos, de 40 años, pescador de la isla de Lesbos.
"Ellos no van a Alemania o Suecia de vacaciones, nadie quiere abandonar su casa y tirarse al mar", dijo el hombre que salvó una infinidad de inmigrantes que estaban ahogándose en mar abierto. "No me olvidaré nunca de un niño, tendría tres o cuatro años, flotando en el agua, se había ahogado", relató. Como él, Emilia Kamvisi ha ayudado en estos meses a numerosas personas a encontrar reparo. A la anciana, hija de refugiados, ver cada día la misma escena en las costas de Lesbos le recordó su infancia bajo la ocupación nazi. En octubre se anunciará el ganador.
En tanto, en la plataforma de peticiones on line Avaaz.org, el objetivo a corto plazo es lograr las 700.000 firmas para hacer presión y postular a todas estas personas valientes, muchas de ellas ancianas, que a diario ayudan a los refugiados que llegan a sus costas.
Rectores de las más prestigiosas universidades del mundo, Harvard, Princeton, Oxford, escribieron y enviaron el 1 de febrero la carta de candidatura a la organización noruega del Nobel para nominar este año a los habitantes de Lesbos, Kos, Chios, Samos, Rodi y Leros.
Sería no sólo un premio símbolo a quien no dudó en salvar y ayudar a los miles de refugiados, sino también un potente mensaje, más allá de la política: compasión y valor, empatía y sacrificio, pero sobre todo, humanidad. Son abuelas que abrazan a niños atemorizados para ayudarlos a dormir, mientras profesores, estudiantes, jubilados ofrecen comida, mantas y demás bienes de primera necesidad a los desesperados.
| Agencia ANSA |

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