Empeñado en que su esposa Hillary mantenga un rol protagónico en la política
estadounidense, Bill Clinton negocia en privado y presiona en público para que
Barack Obama la nombre secretaria de Estado.
Washington (Reuters, AFP, ANSA, DPA, EFE) - Si bien Barack Obama, de acuerdo con sus primeras designaciones apoyará su futuro gobierno en la experiencia de quienes participaron en la administración demócrata de 1993 a 2001, la indefinición en torno a un ofrecimiento a Hillary Clinton impacienta a Bill Clinton y a sus allegados. El ex mandatario intensificó ayer su abierta presión para lograr que su esposa ocupe el Departamento de Estado, uno de los cargos más importantes del gobierno estadounidense.
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Hillary fue mencionada como probable encargada de las relaciones exteriores de Obama, lo que otorgaría a la ex precandidata presidencial un protagonismo que le resultará difícil alcanzar desde el Senado, donde otros legisladores de su partido exhiben una trayectoria más sólida para ocupar los cargos clave de sus comisiones.
Bill Clinton elogió el fin de semana la posibilidad de que su esposa ocupe el Departamento de Estado, luego de que trascendiera que Obama se había reunido con su ex rival en las primarias para tratar el tema. Sin embargo, el entorno de Obama filtró el lunes reparos por los hipotéticos conflictos de intereses que implicarían ciertos fondos donados a una fundación del ex presidente por gobiernos extranjeros. El nombre de la senadora por Nueva York se baraja para el cargo junto al del hispano Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, con sólida experiencia en temas internacionales, y el de John Kerry, senador por Massachusetts y candidato presidencial en 2004.
Subyacen en el fondo de esta indefinición, según analistas de la prensa estadounidense, resabios de la ríspida e intensa primaria demócrata entre Obama y Hillary.
En un gesto que busca desequilibrar la balanza, el ex mandatario demócrata ofreció ayer realizar auditorías sobre sus cuentas empresariales y filantrópicas, según fuentes demócratas. « Definitivamente está ayudando. No es para nada un obstáculo», dijo un demócrata cercano a las tratativas, confirmando la versión dada a conocer por «The Wall Street Journal».
Clinton acumuló una fortuna estimada en 100 millones de dólares desde que dejó su puesto de presidente a principios de 2001, principalmente escribiendo libros y dando discursos. Además, recaudó millones de dólares para su biblioteca y fundación, con donaciones de varios gobiernos extranjeros e individuos.
Dado el caudal de versiones sobre el futuro de Hillary, allegados se impacientaron: «Esta puede ser una situación difícil para Obama, por eso necesita aclararla rápidamente», reclamó un connotado clintonista.
Protagonismo
La selección del ex número dos del Departamento de Justicia con Clinton, el afroamericano Eric Holder, como futuro titular de esa dependencia estratégica, confirma el protagonismo que los ex funcionarios del último gobierno demócrata tendrán en la presidencia de Obama. Según la revista «Político», 31 de los primeros 47 puestos del equipo de transición o cargos del gabinete han ido a parar a manos de colaboradores del último presidente demócrata.
Otro nombre fundamental de la futura administración es Rahm Emanuel, asesor de Clinton y futuro jefe de Gabinete de Obama.
Por su parte, Larry Summers, secretariodel Tesoro con Bill Clinton, es uno de los nombres que más siguen sonando para el manejo de la economía. En tanto, ayer se conoció que el ex jefe de la bancada demócrata en el Senado Tom Daschle, será el encargado de Salud (ver nota aparte).
Cuando Emanuel fue elegido, por ejemplo, algunos de los aliados de izquierda de Obama expresaron su preocupación.
Este es considerado un centrista y defensor a ultranza del Tratado de Libre Comercio de América del Norte ( NAFTA), al que se opuso en su día el ala más populista del Partido Demócrata.
Similares reacciones encontradas podría provocar la designación de Hillary Clinton, a quien los activistas antibélicos aún reprochan su apoyo a la invasión a Irak.
Larry Sabato, un prestigioso politólogo de la Universidad de Virginia, señaló en declaraciones al diario «Financial Times», que «los nombramientos hasta la fecha dejan clara una cosa: no hay recompensa para los aliados ni castigo para los enemigos».
«Se basa todo en un criterio: ¿Quién puede ayudarme mejor a lograr mis objetivos?»
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