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Prevalecieron en el G-20 los países que piden bajar el gasto
Hasta el primer ministro británico, David Cameron, el único europeo en mantener un encuentro bilateral con Obama, dejó claro que los intereses de su país se anteponen a todo lo demás. «Las naciones con graves problemas de déficit como la nuestra deben actuar para garantizar la confianza en la economía, que es fundamental para el crecimiento», dijo Cameron. En otras palabras: ahorrar en lugar de estimular la economía.
Obama no tuvo más alternativa que embellecer diplomáticamente el conflicto. «Ambos países tenemos un enfoque diferente, pero nos movemos en la misma dirección», afirmó. La posición estadounidense se topó sobre todo con la oposición de varios mandatarios europeos, que ya iniciaron la salida de las medidas de estímulo para evitar seguir aumentando la deuda.
Las polémicas sobre políticas de incentivos versus ajustes fiscales o sobre tasas bancarias y flexibilización monetaria son alimentadas tanto por la preocupación de una nueva recesión como por la de saber quién está en condiciones de asegurar en adelante la demanda, motor del crecimiento. Los más solicitados son los países emergentes, que ostentan altas tasas de crecimiento, mientras los europeos buscan recuperar la confianza de los mercados y los consumidores con ajustes sin precedentes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
El ministro brasileño de Finanzas, Guido Mantega, advirtió que esos ajustes, sobre todo si vienen de países fuertemente exportadores -y tal es el caso de Alemania- podrían tener serias consecuencias para los emergentes. Los recortes significan que los países desarrollados en crisis apuestan a «ocupar los mercados de los emergentes que están creciendo más», declaró.
La declaración final de la cumbre de Toronto instó a los miembros de los países en desarrollo con superávit de cuenta corriente a flexibilizar sus monedas, fortalecer el gasto social e incrementar el gasto en infraestructura. El mensaje está dirigido sobre todo a China. La vicepresidenta del Gobierno español, Elena Salgado, afirmó que en las discusiones se plantearon reformas estructurales no sólo en los Estados avanzados, sino también en los emergentes, como la creación «de redes de protección social que pueden estimular la demanda interna y en ese sentido estimular también el crecimiento y el comercio internacional».
El G-20 fue en 2009 el principal foro de coordinación de políticas macroeconómicas y uno de sus logros fue evitar, hasta el momento, un repliegue proteccionista y una guerra comercial, contrariamente a lo ocurrido para responder a la crisis de 1930. En la cumbre de este fin de semana, en cambio, quedó en duda si el grupo seguirá ejerciendo ese rol.
La declaración final de la reunión indicó que «aunque el crecimiento está volviendo -continuó el texto-, la recuperación es despareja y frágil, el desempleo en muchos países sigue en niveles inaceptables y el impacto social de
la crisis todavía se siente
de manera muy extendida». También manifestó que «para sostener la recuperación, necesitamos seguir adelante con los planes de estímulo existentes, mientras se trabaja por crear las condiciones para una robusta demanda privada».
Según la declaración, «la velocidad y la oportunidad del retiro de los estímulos fiscales y la reducción de los déficits y las deudas serán diferenciadas y adaptadas a las circunstancias nacionales y a las necesidades de la economía global».
No obstante, el comunicado final incluyó el compromiso que proponía Canadá, anfitrión de la reunión, de reducir el déficit a la mitad para 2013, aunque sólo será vinculante para los países avanzados. También estableció que a más tardar en 2016, los Estados deberán comenzar con la cancelación de la deuda acumulada.
La declaración le dio la «bienvenida» al avance de la reforma financiera en Estados Unidos, una victoria de Obama que pretende imponer serias restricciones a los riesgos que toman las entidades financieras y de inversión. Pero postergó para la próxima cumbre de Seúl en noviembre la decisión sobre una reforma del sistema financiero global, dejando, además, a los países en libertad para fijar un impuesto o tasa a las entidades financieras, como quieren hacer Alemania, Francia y Gran Bretaña.
Obama debió incluso bajar el tono en su propuesta sobre reducir subvenciones estatales a los combustibles. El comunicado del G-20 en Toronto pide el «retiro paulatino en el mediano plazo de subsidios de combustible fósil ineficiente que alientan un consumo poco económico».

