Esta misma falta de patrón se verificó para las «observaciones» (o sea, los rechazos) que formula el organismo que capitanea Guillermo Moreno. Así, hay terminales automotrices que pudieron retirar las autopartes del puerto y otras que no.
Sin embargo, hay dos ramas casi paradigmáticas. Una es la industria editorial: los libros comenzaron a ingresar en masa, tras la polémica que se suscitó cuando se sancionó una norma que exigía a los importadores pasar por un testeo de porcentaje de plomo en las tintas que se habían usado para su impresión. En el otro extremo están la marroquinería y los perfumes y cosméticos: desde hace meses no entra una cartera, una mochila, un frasco de colonia o una crema «anti age». Un importante importador de perfumes le confesó a este diario que tenía stock hasta agosto si le vendiera a toda su cadena de distribución, pero había decidido entregarles mercadería sólo a sus veinte clientes principales para poder mantenerse en el mercado al menos hasta septiembre.
La gran duda en el sector es si esta miniliberalización que se verificó (con cuentagotas, es cierto) durante los últimos diez días se mantendrá en el tiempo. Moreno les ha dicho en privado a muchos de los empresarios con los que se reunió que tienen que ser pacientes: prometió que en el segundo semestre del año va a estar todo «normalizado».
Hay poca fe en las palabras del poderoso funcionario; lo mismo dijo hace un año respecto de las licencias no automáticas, que impiden -en algunos casos durante meses, y violando las normas de la Organización Mundial del Comercio- la entrada el país de embarques de mercadería importada.
Por ahora las góndolas de los supermercados, los comercios y muchas fábricas locales (a las que les faltan insumos) siguen padeciendo las trabas a la importación que vienen desde hace casi tres años, pero que se agravaron de manera exponencial desde el 1 de febrero, cuando entró en vigencia el régimen de Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI).
Por eso, en el mercado se habla desembozadamente ya de dos fenómenos fácilmente comprobables:
Cabe recordar que hasta la semana pasada había cerca de 100.000 DJAI demoradas en los despachos de la Secretaría de Comercio Interior, observadas por los funcionarios que se encargan de autorizarlas o denegarlas.

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