25 de mayo 2011 - 00:00

PS: De Narváez fue la excusa perfecta

Rubén Giustiniani
Rubén Giustiniani
Formales, por momentos excesivamente protocolares, los socialistas evitaron ayer un portazo violento. En vez de desnudar su resistencia a Raúl Alfonsín, eligieron la oportuna figura de Francisco de Narváez para poner en coma 3 un acuerdo con la UCR.

El diputado y candidato a gobernador bonaerense fue invocado ayer por la mesa nacional del Partido Socialista (PS) como la única -entre las visibles- razón por la cual desisten de continuar las negociaciones con el radicalismo para compartir frente en octubre.

Sin Rubén Giustiniani, que pidió vacaciones para recuperarse de la campaña y la derrota del último domingo, los doce integrantes de la mesa ejecutiva del PS convocaron al Congreso partidario para el 11 de junio y, como previa, a la Comisión de Acción Política para el próximo sábado.

Ni la mesa ni la CAP tienen facultades para establecer ni disolver acuerdos o alianzas electorales, pero, en la práctica, expresan el pensamiento político del socialismo anti-K, que preside Giustiniani, pero tiene como máximo referente a Hermes Binner.

Carlos Roberto, secretario general del PS, comandó el encuentro que reforzó la propuesta de conformar un frente con sectores progresistas con una exclusión específica, al respecto, a dirigentes y agrupaciones consideradas de «centro o centroderecha».

Traducción: no hay posibilidad de acuerdo con la UCR en la medida en que Alfonsín mantenga en pie su plan de pactar con De Narváez en la provincia de Buenos Aires. Lo dijo hace 10 días el PS bonaerense; lo repitió anteayer Binner; lo ratificó la mesa socialista.

El porteño Héctor Polino; el jefe del PS de Buenos Aires, Carlos Nivio; el cordobés Eduardo Cañas, y, entre otros, la santafesina Lucrecia Aranda expresaron, por unanimidad, la voluntad de abortar cualquier diálogo que involucre a De Narváez.

Para no aparecer como los gestores de la ruptura, insisten con el libreto de que promueven la conformación de un frente progresista que aglutine al GEN, Proyecto Sur, Unidad Popular de Víctor De Gennaro y el radicalismo, pero que excluye al «centroderecha» y al oficialismo.

Basta escarbar un poco para encontrarse con un análisis más crudo: en el PS están convencidos de que la UCR no romperá su negociación con De Narváez, por lo que se preparan para competir con armado propio. Mejor dicho: para empezar a tratar a un exsocio como a un rival.

La hipótesis, que consideran altamente improbable, de que el radicalismo desande su acuerdo con Unión Celeste y Blanca, sería de todos modos -en caso de ocurrir- la primera parte de una negociación ahora enterrada. «Si ellos reflexionan, recién ahí discutimos la fórmula».

El planteo es directo: en el eventual caso de que la UCR priorice su sintonía con el PS, el GEN y Proyecto Sur, no consideran que esté nada definido respecto de cómo se conformará la fórmula presidencial. Es decir: quieren discutir si es Alfonsín-Binner o Binner-Alfonsín. Más simple. El socialismo pegó el portazo al radicalismo: está a punto, ahora, de amurallar la puerta que alguna vez los unió.

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