27 de enero 2012 - 00:00

Publican cartas de amor secretas de Dickens

El libro «Dickens enamorado» recoge la correspondencia entre Charles Dickens y su primer amor, María Beadnell, un amor que siempre permaneció oculto, por la familia de ella, por el propio autor y por su biógrafo, John Forster.
El libro «Dickens enamorado» recoge la correspondencia entre Charles Dickens y su primer amor, María Beadnell, un amor que siempre permaneció oculto, por la familia de ella, por el propio autor y por su biógrafo, John Forster.
Madrid-El 7 de febrero se celebra el bicentenario del escritor inglés Charles Dickens, conciencia del costo humano que tuvo la Revolución Industrial en la Inglaterra victoriana. Ahora aparece en España «Dickens enamorado», un libro inédito en español con las cartas de amor a María Beadnell, su primer y oculto amor.

«Dickens enamorado» estará en la calle publicado por la editorial Fórcola, coincidiendo con el aniversario de Dickens, quien, para críticos como el reconocido Harold Bloom, poseía un talento desbordante para crear personajes memorables, al igual que Shakespeare.

«David Copperfield», «Oliver Twist», «Tiempos difíciles», «Los papeles del club Pickwick», «Grandes esperanzas» o «La pequeña Dorrit» son algunos de los grandes títulos de Dickens, uno de los creadores de la novela moderna, espejo del Londres con humos de chimeneas, de manchas de betún y de niños tiznados de hollín, hambrientos y maltratados.

El «Dickens enamorado» que aparece ahora tiene su origen en la correspondencia entre Charles Dickens y María Beadnell. Unas cartas reunidas en un libro que George Baker, catedrático de Literatura inglesa de Oxford, editó en 1908 para la Sociedad Bibliófila de Boston y que el editor de Fórcola, Javier Jiménez, rastreador del epistolario de Dickens, adquirió para traducirlo ahora al español.

Su amor siempre permaneció en penumbra; primero por la familia de ella que censuraba la relación, después por el amigo y biógrafo de Dickens, John Forster, y hasta por el propio autor a pesar de la importancia que dio a este amor, primero de juventud, y luego de relación epistolar cuando ambos ya estaban casados.

A pesar de que no hay una autobiografía del gran escritor, el propio Dickens confiesa a María en una de las cartas que recoge este libro: «Hace algunos años (justo antes de David Copperfield) comencé a escribir mi biografía, con la pretensión de que alguien encontrara el manuscrito entre mis papeles cuando el tema de su objeto llegase a término». «Pero -continúa- a medida que me acercaba a esa parte de mi vida [la historia de amor de ambos] me faltó valor y prendí fuego a lo que quedaba».

Una pira que se produjo en 1860, como recuerda la experta y traductora encargada de la edición del libro Amelia Pérez de Villar, quien explica que por ello se conservan muy pocas cartas de Dickens.

El libro recoge en su mayoría misivas entre 1830 y 1833. Una historia que parece que acaba aquí, ya que los Beadnell enviaron a María a París para que olvidara al entonces joven periodista y aprendiz de escritor porque no era ni banquero ni hacendado.

Pero esta relación tiene una segunda etapa, 23 años después, con el período de cartas más interesantes, y ya con un Dickens casado, con nueve hijos y convertido en un escritor consagrado. Una relación que se desarrolló a lo largo de unos meses de 1855. Durante este año tuvieron un encuentro con sus respectivos cónyuges, y la decepción de Dickens fue tal que parece que la que fuera su amor de juventud le inspiró después el personaje de Flora, la gorda, glotona, y parlanchina de «La pequeña Dorrit».

«He querido enfocar el libro -explica la editora- como el Dickens menos conocido, el de su faceta amorosa, y no sólo con María, sino con otras mujeres, incluso con las hermanas de su mujer, Catherine Thompson Hogarth, con las que tuvo una relación intensa, pero sin sexo y sin amor».

«El escritor inglés era un hombre muy serio, muy especial, cuyas relaciones estuvieron marcadas también por la que tuvo con su madre, algo ambigua porque el nunca olvidó que fue ella quien quiso que trabajara en una fábrica de betún para ayudar a la familia y que fue su padre quien lo retiró para que siguiera estudiando», concluye Pérez de Villar.

Agencia EFE

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