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Puigdemont, un consecuente independentista
Asumió en 2016 con el reto de continuar con el impulso soberanista. Sus detractores lo acusan de conducir a la región a un precipicio.
Sin urnas. Carles Puigdemont acudió a votar a Sant Julia de Ramis, pero no pudo hacerlo debido a que el colegio estaba controlado por la Guardia Civil. Finalmente se trasladó a Cornellà de Terri, donde no tuvo problemas.
Ante las críticas, él insiste en que le hubiera gustado organizar una consulta acordada con Madrid. Pero mantiene el reto.
"Retirarse y rendirse sería acabar mal", argumentó hace unos días en una entrevista en la cadena privada La Sexta. "El deseo de votar es insobornable, hay que hacerlo. No estamos cometiendo ningún crimen".
Al contrario que su predecesor en el cargo, Artur Mas, quien fue evolucionando desde el nacionalismo hacia el independentismo, Puigdemont fue siempre un separatista convencido.
Miembro del partido de Mas, hoy llamado PdeCAT, formó parte de diversas organizaciones independentistas catalanas y estuvo al mando de la asociación que congrega a los municipios que defienden la secesión de Cataluña, responsable de organizar las primeras consultas soberanistas en la región española.
Diputado en el Parlamento local desde 2006, un año después encabezó la candidatura de Convergència i Unió (CiU, coalición nacionalista liderada por Mas hasta que se fracturó, en 2015) al Ayuntamiento de Gerona, ciudad de 100.000 habitantes.
En aquella ocasión no ganó las elecciones y se mantuvo en la oposición hasta 2011, cuando se convirtió en alcalde y puso fin a 30 años de mandato socialista.
Puigdemont estudió filología catalana y se dedicó al periodismo hasta que entró en política. Llegó a ser redactor jefe del diario catalán El Punt y director de la agencia pública de noticias de la región, además de publicar varios libros y ensayos, entre ellos "Cata... què? Catalunya vista per la premsa internacional", (La Campana, 1994).
Amante del rock, es asiduo a las redes sociales, donde publica mensajes casi a diario. Habla español, catalán, francés, inglés y también rumano, ya que su mujer, llamada Marcela Topor y 15 años menor que él, nació en ese país. Con ella tiene dos hijas.
El 25 de enero de 1983, cuando tenía 21 años, volvió a nacer al sobrevivir a un grave accidente de tránsito que le destrozó la cara y le dejó cicatrices que cubre con su peculiar peinado, objeto de bromas hasta en su partido.
Su vida política, ahora, está pendiente de un hilo.
| Agencia DPA |


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