26 de marzo 2009 - 00:00

Radiohead pagó con creces su deuda con fans locales

Thom Yorke, líder de Radiohead, en un momento de su tardío debut en la Argentina, un show inolvidable para más de 35.000 fans y una gran frustración para los que quedaron afuera.
Thom Yorke, líder de Radiohead, en un momento de su tardío debut en la Argentina, un show inolvidable para más de 35.000 fans y una gran frustración para los que quedaron afuera.
Con un impactante show que llevó al público por diferentes climas, de la balada melancólica al heavy metal más brutal, del rock estridente y de laboratorio (o experimental) hasta una electrónica minimalista, además de una puesta en escena tan cuidada como cada nota musical, debutó «Radiohead» en Argentina, ante más de 35 mil personas en el Club Ciudad.
Era una de las pocas deudas que quedaban al público local en cuanto a visitas internacionales, sobre todo si se tiene en cuenta que esta banda surgida de la Universidad de Oxford comenzó a tocar hace casi 20 años en Gran Bretaña, y durante dos décadas se preocupó menos por explorar estas tierras que su característico britpop.
El repertorio de temas con estilos tan disímiles que hasta llegan a no parecer creación ni interpretación de una misma banda, tuvo muchas canciones del último disco, «In rainbows», y dejó bastante olvidado su primer álbum, «Pablo Honey», salvo por «hitazos» ultraesperados y coreados como «Creep». El show arrancó con «5 steps», pasó por «Paranoid androide», «National Anthem» o «House of the cards». La esperada «Creep» llegó para los bises y terminó de hacer estallar los aplausos, aunque en rigor, el entusiasmo se venía percibiendo desde el primer acorde.
La puesta en escena merece un párrafo aparte, pues sin ser de lo más innovador a nivel técnico como, por ejemplo, la parafernalia de «U2» o «Daft Punk», el escenario estuvo dominado por imponentes tubos colgantes (como una suerte de gran xilofón que en uno de los pasajes del show, tuvo correlato en el sonido) y un fondo de infinitos leds, que iban cambiando de color e intensidad conforme los climas de cada canción (luces estroboscópicas en pasajes más electrónicos; verdes, azules o violetas en las baladas nostálgicas, y potentes rojos, negros y blancos, en los metaleros).
Tal puesta perdió algo de impacto, sin embargo, ya que «Radiohead» vino a cerrar un megarrecital que estuvo precedido por «Kraftwerk», grupo alemán surgido en los 70 que sentó las bases de la música electrónica y que hace culto de la sincronía entre sonido e imagen.
Dentro del predio, el público se caracterizó por la tranquilidad con la que disfrutó el show, que por momentos fue «bien abajo», con melodías lentas y predominio de los graves del bajo y teclados, pero que más tarde encontró seguro complemento en la estridencia festiva a base de batería y teclados. Y la voz de Thom Yorke, siempre su impecable y expresiva voz.
Hubo gran cantidad de fans que quedaron afuera y siguieron desde allí el recital, sea porque no habían conseguido reventa en la puerta o porque los echaron, justamente por comprar entradas de reventa. El ticket costaba 260 pesos sólo para esta fecha del Quilmes Rock (y se agotó varios días antes) mientras la compra por otros canales ascendió a los 1.000 pesos. Si bien la mayoría no pasaba los 40 años, los había de generaciones anteriores que coreaban junto a la multitud las canciones de una banda que no deja de extender sus propios límites y se sigue reinventando. Hace dos años revolucionó la industria discográfica cuando puso a la venta su último disco en Internet y ofrecía a los fans pagar lo que consideraran que valía su trabajo. Un lujo que sólo pueden darse los grandes que ya no dependen estrictamente de la recaudación.
No faltó el momento de corrección política, donde el líder de la banda, Yorke, buscó mayor cercanía con el público: «Hace muchos años que queremos tocar en Argentina», dijo en perfecto español, haciendo que muchos se pregunten, seguramente, por qué no vinieron antes. «Pero llegamos a vuestro país y lo hacemos en un día muy especial, pues se cumple un nuevo aniversario del golpe militar». Yorke dedicó el tema «How to dissapear completely» a «secuestrados, muertos y desaparecidos por la dictadura», obteniendo, desde luego, la ovación que buscada de un público rendido, que pareció creer en cada palabra que pronunció el líder, sin importar si eran sentidas o simplemente efectistas.
Sin dudas, la música y la puesta habían superado cualquier expectativa y fue a las claras muestra de que, cuando hay calidad, sobran los accesorios, por caso, pintarse la cara como «Kiss», romper instrumentos como ellos mismos en el pasado o bailar y saltar la soga durante dos horas de show como Madonna.
Radiohead: Thom Yorke (voz, guitarra y teclados), Jonny Greenwood y Ed O'Brien (guitarra y teclados), Colin Greenwood (bajo) y Phil Selway (batería). (Club Ciudad, 24 de marzo).

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