Además de un nuevo máximo alcanzado por el dólar en el mercado paralelo, también llegó a niveles récord la brecha entre el tipo de cambio formal y el «blue». De un nivel del 32% en el que se había estabilizado en los últimos meses, ahora volvió a agrandarse y ya se ubica al borde del 38%, que es la diferencia entre el nivel de $ 6,30 operado ayer en el mercado informal y el valor de $ 4,575 que mostraban las pizarras de las casas de cambio.
La explicación del nuevo salto pasó esta vez por la demanda de billetes por parte de aquellos que emprenden un viaje por las vacaciones de invierno. Pero en el atomizado mercado informal también se notó la presencia de algunas «manos grandes», es decir empresas con importantes excedentes de liquidez que decidieron volcarlo al billete. De esta forma, la demanda se dividió entre la típica compra del «chiquitaje», por ejemplo aquellos que precisan 2.000 o 3.000 dólares para viajar y por otra parte órdenes por montos mucho más abultados de lo que se venía negociando en las últimas semanas.
Pero más allá de los factores estrictamente estacionales, por ejemplo vacaciones, en la suba continua del dólar en el mercado paralelo aparecen causas estructurales que marcan la tendencia en los últimos meses. Esos motivos son fundamentalmente dos:
Las restricciones cada vez más severas para la compra de dólares oficiales: el «cepo» impuesto desde octubre pasado se fue perfeccionando con el paso de los meses y ahora directamente se prohibió la compra de divisas para atesoramiento, es decir simplemente para ahorrar. También se fueron cerrando otras ventanillas, como la opción de acceder a divisas con un préstamo hipotecario. Las empresas tampoco están habilitadas para comprar divisas para girar al exterior, lo que cerró otro grifo de la salida de capitales. Por lo tanto, toda esa demanda insatisfecha termina volcándose al mercado paralelo. Como nadie quiere vender divisas (ante el aumento sostenido que acumula desde el último trimestre del año pasado), el resultado es que la demanda supera con amplitud a la oferta, empujando hacia arriba la cotización.
La emisión de pesos se mantiene en valores muy elevados. La base monetaria crece a un ritmo del 35%, un nivel similar al del año pasado, a pesar de que la economía está creciendo a un ritmo mucho menor. Las necesidades fiscales del Gobierno nacional provocan, además, la emisión de pesos por parte del BCRA para financiar la caja. Tal como informó ayer este diario, sólo en los últimos 30 días los adelantos transitorios de la entidad sumaron otros $ 7.500 millones. El aumento de la cantidad de pesos en circulación termina no sólo presionando sobre los precios, sino que al menos una parte va a la compra de dólares a través del canal que puede, es decir el informal.
En la medida en que se mantengan las restricciones cambiarias al nivel actual y continúe la expansión en la cantidad de pesos, sin que exista un vehículo adecuado para canalizar el ahorro en moneda local, se mantendrá la presión sobre el «blue». Aun con la aceleración que le impuso el Gobierno a la suba del dólar oficial, difícilmente alcance para achicar la brecha cambiaria, cada vez más sostenida.
De la misma forma, ayer también subieron otras modalidades que permiten dolarizar portafolios. El caso más claro es el Boden 2012: cuando faltan menos de veinte días para cobrar, los inversores estuvieron ayer dispuestos a pagar $ 668 para recibir 100 dólares el 3 de agosto.
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