Desde el mes pasado, los "rolezinhos", masivas reuniones donde los jóvenes beben, bailan y se divierten en los shopping centers, y que en ocasiones terminan en disturbios y robos, se han producido sobre todo en San Pablo, pero están ganando terreno en más ciudades, entre ellas Río de Janeiro y Campinas.
Los centros comerciales respondieron aumentando su seguridad privada y obtenido órdenes judiciales para cerrar sus locales o contar con resguardo policial.
En una protesta el sábado, manifestantes enojados desplegaron una pancarta que proclamaba: "En el país de la Copa del Mundo los centros comerciales racistas niegan la entrada a los negros y a los pobres".
En momentos en que el país se prepara para acoger el Mundial a partir del 12 de junio, este tipo de hechos preocupa a las autoridades, que preferirían no tener que lidiar ahora con demandas vinculadas al legado de la esclavitud.
Los "rolezinhos" surgieron en San Pablo con seguidores del Funk Ostentaçao, un estilo musical urbano que ensalza el uso de ropa de marca llamativa y coches de lujo, según Rafael Alcadipani, profesor de la Fundación Getulio Vargas, en San Pablo. Algo así como un reggaetón, pero brasileño.
"Ésta es una forma en que los adolescentes desfavorecidos expresan su creatividad y energía", comentó por su parte Eduardo Alves, director de la organización Bairro Monitor, de Río de Janeiro. "Ellos están tratando de decir que la ciudad es de todos, que tienen derecho a reunirse en cualquier lugar, incluso en las zonas de clase media y ricas. No quieren quedar confinados a sus barrios o favelas", insistió.
Ignacio Cano, profesor de Ciencias Sociales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, dijo que la mayoría de los "rolezinhos" son pacíficos. "¿Qué tiene de malo que estos jóvenes se congreguen en centros comerciales?", sostuvo. "Hay un miedo profundo, irracional, de que si los adolescentes pobres o negros se reúnen, es que van a hacer algo malo".
Cano advirtió que los intentos legales de prohibir los "rolezinhos" en función de la apariencia de sus participantes conlleva "un alto riesgo de discriminación" y puede ser contraproducente incluso para los propios comerciantes.
"Estos jóvenes de los barrios pobres han encontrado un nuevo modelo popular para una protesta exitosa", dijo David Santos, director de Educafro, un grupo líder en la defensa de los derechos civiles, laborales y educativos de los negros y los indígenas. "Estos 'rolezinhos', que se anuncian en las redes sociales, exponen el racismo estructural en Brasil", agregó.
Más de la mitad de los 200 millones de habitantes de Brasil tienen ancestros en África, conformando la segunda mayor población negra del mundo después de la de Nigeria. La mayoría de los afrobrasileños son descendientes de los millones de africanos traídos durante el régimen de esclavitud de la era colonial, abolido en todo el país recién en 1888. Más de un siglo después, los afrobrasileños se quejan de la discriminación racial y pobreza desproporcionada.
La población negra y otros habitantes de barrios marginales generalmente quedaron al margen de las masivas protestas callejeras de junio pasado para exigir una mejor calidad de vida y el fin de la corrupción en las dependencias públicas.
El punto central de sus demandas se centra en lo que llaman un "genocidio de jóvenes negros", presuntamente cometido por la policía en los barrios pobres del país.
Este nuevo movimiento de jóvenes parece estimular un mayor activismo político por la causa de los negros, sobre todo en las redes sociales.
El sábado, militantes que representan a diversos grupos de derechos civiles de negros y organizaciones estudiantiles de izquierda se manifestaron fuera del centro comercial Iguatemi JK en San Pablo, uno de los más lujosos de la ciudad, solidarizándose con los "rolezinhos". El centro comercial había cerrado sus puertas diciendo que no estaba prepardo para recibir a los manifestantes.
Aunque la protesta convocó sólo a unas 150 personas, Douglas Melchior, un activista del grupo de derechos civiles UNEafro, dijo que miles apoyaron la manifestación en Facebook.
En Niteroi, cerca de Río, 50 jóvenes irrumpieron el sábado en el Plaza Shopping, en otra protesta para denunciar el racismo.
"El activismo de los 'rolezinhos' desafía la naturaleza segregacionista de la sociedad brasileña", dijo Joselicino Junias, un miembro de la organización antirracista Círculo Palmarino.
En tanto, los políticos buscar aliviar la tensión y las autoridades locales están tratando de organizar reuniones con ambas partes -jóvenes y comerciantes- para llegar a un acuerdo, que incluiría ofertas de espacios públicos para actividades recreativas.
| Agencia AFP |


Dejá tu comentario