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Reflexiones sobre desigualdad social y ajuste energético
Luego explicó las supuestas razones que influyeron en la reducción de los cortes: "Mejor preparación del sistema; acuerdo con los sindicatos para atender más rápido las emergencias cuando hay cortes, las empresas han hecho un ´plan´ para atender la emergencia; una conducta de la gente para reducir su consumo".
El ministro admite al pasar algo gravísimo: que el supuesto "plan" de las distribuidoras que antes nos extorsionaban, no atendiendo como correspondía las situaciones de cortes por alto consumo por cuestiones climáticas, fue haber obtenido la friolera de 80 mil millones de pesos entre tarifazos y deudas condonadas. Es decir, mientras que nuestro Gobierno resistió, defendiendo el bolsillo de los trabajadores, las presiones de esas compañías para aumentar las tarifas, motorizadas por un claro sabotaje cuando la demanda se disparaba, el Gobierno de Macri le dio todo lo que pedían en incluso más.
"En diciembre hubo una potencia de 600 MW menos que en diciembre de 2015. Esta es la demostración que con el esfuerzo de todos podemos estar contribuyendo a que haya más energía y que tengamos mejor calidad del servicio", continua Aranguren.
Resulta evidente que el ministro sustituye medir la "demanda" por potencia, cosa inentendible para la ciudadanía en general. ¿Quién puede entender qué significa 600 MW menos de potencia? Fíjense qué distinto hubiese sido hablar de la demanda y lo que efectivamente sucedió con ella entre diciembre de 2016 y diciembre de 2015: una caída del 1,3%.
Traducido en calidad de vida: nos están obligando a vivir peor, esto es, a consumir mucha menos energía, no más. Y esto es lo verdaderamente importante y no si tenemos "más energía", puesto que bajo todo Gobierno neoliberal "más energía" es sinónimo de excedente exportable en detrimento del desarrollo del mercado interno. En otras palabras, si consumimos menos pero el ministro dice que hay más energía, quiere decir que sobra. ¿A dónde irá a parar entonces?
En cuanto a la "mejor calidad del servicio", sugiero repasar las memorias y balances de Edenor y de Edesur correspondientes a 2015 y ver qué sucedió con la calidad del servicio en función de las inversiones -y sus obras correspondientes- que las intimamos a realizar (o si prefieren puede buscar los números de frecuencia y cantidad de cortes que figuran en el Libro Blanco del ENRE, documento que dicho organismo publica actualmente en su portal oficial).
Pero volvamos a los argumentos esgrimidos por Aranguren en cuanto a la caída de la demanda. La diferencia de temperatura (un diciembre de 2016 más cálido que el mismo mes de 2015) no le favorece en absoluto, puesto que la demanda cayó a pesar de haber hecho más calor. Y tome nota de estos números para la demanda total de Edenor y Edesur (sumadas) entre diciembres, números que explicitan la desigualdad galopante de las medidas: -3,3% (2015/16) contra 9,7% (2014/2015). ¿La diferencia se debe a la temperatura? No, la diferencia obedece al brutal tarifazo, a la pérdida del poder adquisitivo del salario que no afloja, a la incertidumbre de 2017 y al nuevo ajuste camino, a la inflación, a la amenaza creciente de quedarse sin empleo, al jefe o a la jefa de hogar despedidos, a la destrucción masiva de pyme industriales y comerciales, entre otros.
Solamente los hogares a los que presta servicio Edenor pudieron resistir, al menos hasta ahora, el brutal ajuste: interanualmente registraron una suba del 5% (aunque cayendo desde un 7,6% entre 2014 y 2015). ¿Qué sucedió con las clases medias bajas, nucleadas en su mayoría en Edesur? Pasaron de un 9,9% de expansión entre 2014 y 2015 a venirse en picada con un -3% (negativo) durante el primer año de Macri.
La única verdad es la realidad agobiante para la ciudadanía, injusta socialmente y progresivamente desigual. En pocos meses más ni siquiera los usuarios más pudientes de Edenor podrán soportar el peso de un Gobierno de ricos que trabaja para que los ricos sean ricos.


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