24 de mayo 2013 - 00:00

Refugio natural en la costa bonaerense

Panorámica de las amplias playas montermoseñas y el faro Recalada a Bahía Blanca.
Panorámica de las amplias playas montermoseñas y el faro Recalada a Bahía Blanca.
Mezcla de balneario con pueblo del interior, Monte Hermoso es uno de esos pocos destinos de la costa bonaerense que hoy pueden jactarse de ser un verdadero refugio de naturaleza y tranquilidad. Ubicado en la parte inferior de la "panza" que hace Buenos Aires sobre el mar, a 100 kilómetros de Bahía Blanca, este destino se caracteriza por tener anchísimas playas, aguas más cálidas que el promedio de la provincia y un conjunto de propuestas que excede los límites del verano, a partir de largas excursiones a caballo o en 4x4, salidas de pesca, avistajes de fauna e, incluso, la opción de hacer turismo arqueológico para sorprenderse con huellas de pies humanos con más de 7.000 años de antigüedad.

Cuando la posibilidad de relajarse se ha hecho esquiva en muchas de las playas argentinas, Monte Hermoso ha logrado transformar en cualidades aquellas características que otrora podrían haber sido consideradas obstáculos. Una de ellas es la distancia respecto de la Capital Federal, de 620 kilómetros. De algún modo, esta separación ha servido para preservar este balneario, que mantiene intacto el médano que une la pampa con la costa, el cual garantiza que no desaparezca la arena en unos 32 kilómetros de playa.

La fauna, rica en aves como los flamencos y distintas especies migratorias, también agradece no haber sido víctima del avance humano. A su vez, paradojas del progreso, en temporada estival o en fines de semana largos, llegar a Monte Hermoso por tierra (la mayor parte por Ruta 3) suele demandar menos tiempo que a los ajetreados centros vacacionales de la costa atlántica más próximos de la Capital.

Una vez en Monte Hermoso hay algo que se vuelve una evidencia irrefutable: la vida puede ser muy sencilla. Alcanza con una confortable cabaña, un paseo frente al mar y un buen asado. Y así se componen los días allí. Al este y al oeste del centro montermoseño se encuentran los mejores complejos de cabañas, desde los cuales se pueden organizar todas las actividades. Las cabalgatas son uno de los fuertes. Desde las cabañas El Secreto se organizan largas salidas con recorridos como las excursiones al monte Simón, los alrededores de la laguna Sauce Grande -donde hasta hace menos de un siglo habitaban indios pampa- o el bosque de pinos. El entorno de la histórica estancia La Loma es otra zona atractiva para recorrer.

Otra buena opción es ir a la región este, preferentemente a bordo de 4x4, hasta la desembocadura del arroyo Sauce Grande, donde se pueden observar varias especies de aves. El pequeño pueblo de Sauce Grande y el faro Recalada a Bahía Blanca, de 1906, son también atractivos de esa parte de Monte Hermoso. La pesca es otro punto fuerte, de hecho, en la década de 1950 la economía del pueblo llegó a girar en torno a la pesca del cazón, el cual era industrializado aprovechando las cualidades de su hígado y carne. Cazones, corvinas, pejerreyes, rayas y peces palo son algunas de las capturas que se pueden hacer desde la costa o embarcado.

huellas

En las playas del oeste de Monte Hermoso se da un fenómeno único en el mundo. Allí se encuentran los sitios arqueológicos La Olla y Monte Hermoso I, en los cuales se pueden observar a simple vista las huellas de pisadas de humanos, aves y mamíferos de gran tamaño (megaterios, gliptodontes) que datan de entre 7.000 y 12.000 años atrás. Las marcas se encuentran en la costa y son puestas en evidencia por efecto de la acción erosiva del mar. Es una excepción a nivel mundial que se pueda observar tanta cantidad de huellas en un mismo sitio. Lo ideal es acercarse a la zona con guías del Museo de Ciencias Naturales local, cuya sede se encuentra en el centro de la ciudad. El relato se enriquece aún más al saber que la región fue visitada por científicos de la talla de Charles Darwin, en 1833, y Florentino Ameghino en 1919.